Aprieta, Pepe, aprieta
sin miedo y sin prisa aprieta
que aquél que al destino reta
apretando sin denuedo
encontrará muy pronto consuelo
en su aquejado interior.
Y si tras apretar seguido
no alivia sus flátidas cuitas
al menos habrá mitigado
su cansino resquemor.
Más sopesa tus impulsos
mi querido apretador
pues con tantos apretones
puede que la fuerza de apriete
te reviente los cojones.
