Mi experiencia me dice que si vendes el barco, las herramientas y compras bicicletas, tu carácter se irá agriando poco a poco y, si no te divorcias antes, acabarás volviendo a comprarlo todo.
Los meses tienen cuatro o cinco fines de semana. Guárdate uno para ti como cosa innegociable y apúntate a las regatas. Dentro de pocos años, cuando el mamoncete ya tenga dos o tres, podrás pasar el verano por las islas si envías a la mujer y el crío en avión. La niña irá contigo.
Hay que plantearlo con claridad: tú necesitas navegar. Es lo que hay.
