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Antiguo 25-05-2015, 21:20
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Velero Simbad Velero Simbad esta desconectado
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Predeterminado Re: Respuesta: Extraño sitio para un barco

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Originalmente publicado por Prometeo Ver mensaje
Muchas gracias por las aportaciones
Ironía, Chinijo, maydey, relinga, Simbad...

Es interesante la visión de que un barco se muere con su armador, como si entre ellos existiera una conexión que trasciende la relacion entre un ser vivo que tiene corazón, venas, y sistema nervioso, y un barco que tiene cuadernas varengas y tablazón. Los gallegos - que somos un poco panteistas- acabamos generando ese tipo de relación, con una piedra, un camino, o una fuente. Nuestra gran poetisa, Rosalia se despedía de los ríos, de los caminos entre el maíz, de la vista de sus ojos, es decir: del paisaje Yo he llegado a pensar que las cosas también tiene alma y que de alguna manera nos unimos a ella a través de la relación que vamos forjando con ellas. En el caso de los barcos, esa sensación se potencia. Sufro cuando cimbrea la jarcia por un golpe, hay algo que nos une a ellos cuando el forro rechina cadenciosamente como si latiera como un corazón abierto. Cuando navega alegre levantando bigotes de espuma en la proa. Lo mismo que cuando se nos muere un amigo notamos que una parte de nosotros se nos muere y que que esa herida ya no tiene posible cicatrización. Con un barco ocurre casi lo mismo pues establecemos una relación de amistad, de mutua dependencia. Nos cuida y lo cuidamos. Lo entrenamos como el cuerpo. Salimos y perfeccionamos su maniobra, lo hacemos a nosotros con nuestros vicios y manías. Con cada cosa en su sitio, de la misma manera que los recuerdos y experiencias vitales se ordenan en nuestro pensamiento como si de un flujo meandrico y caprichoso se tratara. Actitudes parecidas he visto en el taller de un artesano. Un palito viejo que aparentemente no sirve para nada y lleva lustros acumulando roña, se acaba convirtiendo para ellos, en un elemento fundamental que quién sabe que artílugio completa para que todo funcione perfectamente. De esa forma, máquinas y utillaje, restos de su obra cubiertos de telarañas, y un micromundo insondable, acaban encajando con el cuerpo de artesano como si una pieza de un puzzle se tratara.
A mi me ha pasado así con los barcos. He llegado a tomarles mucho cariño y creo que cuando los he vendido, me sentía un poco traidor por abandonar a algo que tanto me había cuidado y con quién había pasado tantas calamidades y alegrías. Quizás por eso entiendo la ceremonia de los viquingos, no se si sería necesario que nos quemaran. Me bastaría con que nos dejaran a la deriva y aunque no quisiera joderle la vida a nadie provocando un abordaje involuntario, pediría que nos dejaran llegar a donde nos llevarán las corrientes, hasta acabar varados en el mar de los Sargazos, allí donde decían las leyendas que acababan los barcos abandonados. Este mismo hilo es un pequeño homenaje a ese último viaje, a esa vida otrora expendorosa colmada de sueños y alegrías que algún día se insertará en ese continuo devenir que como las migraciones de las anguilas recorren ese camino de vuelta del mismo mar de los Sargazos para colmar de vida los ríos que como la poesía de Jorge Manrique volverán al mar en ese continuo retorno que recuerda al recorrido de los astros en el cielo.
Ese mismo ciclo o circunferencia a la que hasta hace poco hacia homenaje en mi firma por formar parte de la iconografía de los viejos mareantes. aquellos que además de ser marinos, eran carpinteros, de algún modo enfermeros de sus barcos que cuidaban de la broma y los tereros, a los que remendaban con la madera de los sitios que recalaban y con los que sabían hacer otro barco aprovechando los restos de su naufragio que la mar les devolvía a la playa. Algunos como los valientes, leales y heroicos de Sarmiento de Gamboa, dando tumbos de desgracia en desgracia, levantando arboladuras nuevas, a cada naufragio, a cada recalada e infortunio, porfiando animosamente con paciencia infinita.
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