Con esto de la náutica no se gana pa sustos¡
Una ronda de tranquilizantes que es lo que me hace falta en este momento.
Anoche arribé al puerto de Sóller pasadas las dos de la madrugada después de una larga cabalgada final a lo largo de más de 30 millas bordeando la costa tramontana.
Fue difícil mantenerme despierto con la fatiga acumulada en las últimas 12 horas de navegación. En un momento me quede dormido por unos minutos y soñé con mi barco saltando entre gigantescas olas. Mi querido abuelo Juan, fallecido hace años, apareció entre sueños y me pregunto si esas grandes olas no eran peligrosas para el barco. En ese mismo instante desperté sobresaltado para comprobar que el Ellebore seguía su rumbo sin desviarse, aunque el viento había refrescado y soplaba a 15 kns.
El reloj de cocina que programaba cada 15 minutos por precaución sono al minuto . Baje a la cabina y me prepare un café doble bien espeso, desconecte el radar y su alarma regresando a la bañera para preparar el arribo a Port Soller.
Solo quedaban unas pocas millas. Arrie la vela mayor, prepare las amarras de proa para que el marinero las tuviera a mano en el atraque y volví a la bañera para gobernar el último tramo entrando en la bahía. Aunque había luna creciente estaba algo nublado y oscuro en la bocana.
Ya en el canal central puse nuevamente el piloto automático y baje la velocidad a tres nudos. Salí nuevamente a cubierta para bajar las defensas y en ese instante, por el rabillo del ojo percibo una extraña silueta en sombra. Al mirar atentamente me quedo helado viendo que a poco más de una eslora de distancia había un yate fondeado sin luces y en el mismo centro del canal. Atino a lanzarme a la bañera y empujó la caña con brusquedad para hacer virar el Ellebore a babor pasando a escasos dos metros de la popa de la motora y rozando el dingui que tenían amarrado. Las piernas no paraban de temblar y la rodilla se me estaba hinchando por el golpe que me di al lanzarme a la bañera. El corazón me latía a toda velocidad y no podía dejar de pensar que si hubiese tardado 15 segundos más en ir a bajar las defensas, la contundente proa de acero de mi barco de 8 toneladas se hubiese hundido en el través del yate de recreo rompiendo su casco cómo una cáscara de huevo y mandando barco y tripulación a pique.
Un rencor compulsivo me subió a la cabeza y las preguntas ¿por que sin luces?, ¿porque en el medio del canal? quedaban sin respuesta.
Al llegar al punto de amarre, dos agentes de la guardia civil de fronteras me iluminaron con los focos de su coche complicándome ligeramente el amarre y me pidieron los papeles del barco apenas tome tierra, todavía con el susto en el cuerpo
Debió parecerles extraño ver a altas horas de la madrugada al Ellebore llegando a puerto con un armador barbudo. Tampoco les cerraba mucho el echo de que no tuviera un puerto base ni un domicilio en tierra, pero cumplieron con los tramites y me dejaron en paz tratándome con amabilidad. Cuando les comente el incidente que acababa de suceder con el yate, dijeron que efectivamente "ese barco esta muy mal en el medio del canal"
Hoy por la mañana vi a los tripulantes de la motora con sus camisas blancas inmaculadas izando su flamante bandera norteamericana. Luego levantaron el ancla y partieron con rumbo desconocido. Me hubiese gustado decirle lo irresponsables que han sido y lo cerca que han estado de hundirse con su flamante barquito en el fondo de la bahía de Sóller Seguramente nunca lo sabrán.
Editado por Daniel Boom en 28-05-2015 a las 23:26.
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