Un barco es como una casa: siempre hay algo que hacer.
Otra cosa es que no hay por qué hacerlo "a la carrera". Mi abuela decía: "Cosa hecha aprisa, cosa de risa", y también, cuando rompíamos algo por ir acelerados, "Fue a santiguarse, y se sacó un ojo".
Pero tampoco se trata de "Il dolce far niente" italiano, porque entonces nos iríamos a pique, ya que el mantenimiento es el 80% de la navegación, sobre todo con barcos "viejunos", que diría una compañera de trabajo.
Hay que buscar un equilibrio, y, sobre todo, un ritmo adecuado.
Pero no somos muy congruentes, de jóvenes, cuando más tiempo nos queda, vamos acelerados, y de mayores, que ya nos queda menos, aprendemos a relajarnos. Es el mundo al revés.
