Que griterío, fogonazos de pistoletazos, salvas de mosquetes, vivas y hurras; no me he podido contener y a pesar de las amenazas de la almiranta he entrado a la taberna a regar el gaznate y escuchar embelesado el relato elegante del cofrade Kaia, vayan dos pistoletazos


de agradecimiento.