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Predeterminado Re: Más de 800 yates fondearon sobre la posidonia protegida de Baleares




lo mejor es la educacion y para los adultos la informacion



Aun no existan estudios científicos que certifiquen el impacto que se está produciendo en
los márgenes de las zonas de boyas de pago, si que diversos científicos y funcionarios
(que gestionan las zonas LIC) han detectado el problema.
1-Un ejemplo de una zona concreta de campo de boyas:
Estos serían los datos concretos de una zona de boyas muy frecuentada, Cala Blava, de la
cual se realizo un estudio bibliográfico por dos alumnos de 4º de Grado de Biología de la
UIB, los cuales percataron el problema por su propia experiencia y por la certificación de
un funcionario que trabaja en la gestión de las zonas LIC de la Bahía de Palma.
El plan de conservación LifePosidonia propone en 2006 una gestión para el uso recreativo
del lugar creando zonas de boyas ecológicas para las embarcaciones de recreo. Estas
zonas, son en muchas ocasiones zonas LIC (Lugar de interés cultural), y más
concretamente las praderas de Posidonia son consideradas por la Directiva de Hábitats de
la Unión Europea del anexo II (ANEXOII: Directiva 92/43/CEE; 1120 Praderas de
Posidonia), un hábitat prioritario para la protección por su elevada biodiversidad.
En 2013, las boyas ecológicas de “Proyecto Life Posidonia” del Cap Enderrocat fueron
cedidas por el Govern de les Illes Balears a una gestión privada de las mismas. Los datos
brutos de la utilización de las boyas muestran un claro descenso de su utilización desde
entonces:
Junio y Julio 2012 (estancia gratuita): 699 embarcaciones.
Junio y Julio 2014 (estancia de pago): 116 embarcaciones.
Un descenso significativo del uso de estas boyas desde que pertenecen al ámbito privado,
presupone un fondeo no regulado en el margen de la zona, lo que a largo plazo supone un
importante impacto físico sobre la pradera de Posidonia oceanica.
Además, de argumentos que solamente permiten llevar a cabo presuposiciones, podemos
leer los resultados de estudios realizados por instituciones especializadas:
El último estudio del estado de la pradera de P. oceanica en la reserva de la Bahía de
Palma se realizó en 2008 por el IMEDEA. Se estipuló una densidad de haces muy inferior
en la zona de fondeo regulado (valores de 23 a 391 en contraposición a la zona de reserva
total con valores de 607 a 844). (2008; IMEDEA).
“Los estudios realizados en el marco del Proyecto LIFE Posidonia (00/NAT/E/7303)
señalan que la densidad de haces en esta pradera es baja comparada con valores de
densidad de haces que presentan otras praderas de P. oceanica en profundidades similares
de Baleares.”, citado por Díaz Almela E. y Marbà N. (2009)
Estos dos estudios, demuestran que la implantación de las boyas ecológicas en esta zona
LIC no han presentado resultados relevantes en cuanto a la mejora de la pradera. Por lo
cual, nos hace pensar que los beneficiados han sido muchos, pero ninguno de ellos son los
usuarios o la Posidonia.
2-Argumentos de algunos científicos que consideran inutiles las zonas de boyas para
embarcaciones de pequeño tamaño:

Gabriel Jordà, investigador del IMEDEA (Instituto Mediterraneo de Estudios Avenzados)
en el Departamento de Ecología y Recursos Marinos, afirma:“La trayectoria de praderas
de P. oceanica en el marco del calentamiento esperado en el Mediterráneo occidental a
través del siglo XXI a la conclusión de que el calentamiento va a llevar a la extinción
funcional de praderas de P. oceanica a mediados de este siglo (año 2049 ± 10 ), incluso en
un escenario de emisiones de gases de efecto invernadero relativamente leve. Los
esfuerzos para aliviar tensiones locales añadiendo a la pérdida de praderas de P. oceanica
tendrán un efecto limitado en la conservación de las praderas bajo el cambio climático.”
(Mediterranean seagrass vulnerable to regional climate warming, Jordà G., 2012, Nature
Climate Change).
Milazzo, M. Et al., publica en el 2004 un estudio sobre el impacto de las anclas y las
boyas sobre las praderas de posidonia y esta fue una de sus conclusiones: “En el largo
plazo, incluso el anclaje en la P. oceanica por pequeñas embarcaciones que utilizan
anclajes de bajo impacto puede potencialmente tener consecuencias perjudiciales. Por
esta razón, se sugiere que en los sitios vulnerables, es preferible aplicar un programa
educativo basado en la información de los navegantes sobre las prácticas correctas de
anclaje y tipología de anclaje a utilizar, en lugar de adoptar fuertes restricciones a la
embarcación de anclaje o el despliegue de boyas de amarre. Aunque el uso de estas
estrategias de gestión todavía se recomienda en el caso de anclaje frecuentado por
grandes buques que utilicen anclas y cadenas más pesadas.”
Cita del artículo:
Milazzo, M. et al., 2004, Boat anchoring on Posidonia oceanica beds in a marine
protected area (Italy, western Mediterranean): effect of anchor types in different
anchoring stages. Journal of Experimental Marine Biology and Ecology. Volume 299,
Issue 1, 10 February 2004, Pages 51–62.
Os ponemos el resumen del artículo:
“Seagrasses worldwide are noted for suffering from mechanical damage caused by boat
anchoring. This is particularly so in sites highly frequented by boaters (marine protected
areas or coastal urbanised areas). In the last decades, different strategies have been put
into practice to reduce such impacts on seagrasses (i.e. by anchoring bans or by deploying
boat moorings). More recently, in consideration that few marine protected area (MPA)
management bodies or local administrations have the resources to enforce their anchorage
regulations, the self-regulatory approach based on education and information of boaters
has been preferred in several cases. At present, however, very little is known on the
correct anchoring practices to ensure the safeguarding of seagrasses. The aim of the
present study was to experimentally quantify in the field the damage caused to Posidonia
oceanica shoot density by anchoring. A multifactorial experiment was designed to test
whether the damage is dependent on (1) different anchor types (Hall, Danforth and
Folding grapnel), (2) the use of a chain vs. a rope, (3) the three anchoring stages (anchor
fall, dragging/lock-in and weighing), and finally (4) whether the pattern is consistent
among different locations of the meadow.
As expected, the three anchor types employed in the present study differed in the levels of
damage inflicted on the P. oceanica meadows of the Ustica Island MPA. In particular, the
use of the Hall type anchor seems to be preferable to minimise this impact in comparison
with the other two anchor types. Moreover, the effect on the meadow of the three anchor
types is greatly dependent on the anchoring stage. These results confirm that the weighing
stage is the critical stage of the anchoring process. The number of damaged shoots of P.
oceanica was not affected by the presence of the chain. These patterns were consistent
between locations.
In the long term, even anchoring on P. oceanica by small boats using low-impact anchors
may potentially have detrimental consequences. For this reason, we suggest that in
vulnerable sites, it is preferable to implement an educational program based on
information of boaters on correct anchoring practices and anchor typology to use, rather
than adopting strong restrictions to boat anchoring or deploying mooring buoys. Although
the use of these management strategies is still recommended in the case of anchorage
frequented by bigger vessels using heavier anchors and chains.?


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