Tu, Madre, que nos proteges a creyentes y no creyentes, sin distinción de fé, cuando la mar ruge.
Tu, Madre, que nos arropas a todos, creyentes y no creyentes, cuando la mar nos llama.
Tu, Madre, que nos has de acoger a todos un día u otro, como ya has acogido en tu lecho a muchos de entre nosotros.
SALVE.