Saludos, durante este hilo hemos glosado sobre diferentes Marinos, batallas, acontecimientos historicos, constructores....pero hoy quiero hablar sobre una figura importantisima en la reconstruccion de nuestra flota durante el siglo XVIII. Don Jose Patino y Morales!
Larga Biografia (que he resumido cortando algo de texto) pero es apasionante! Durante su tiempo se crearon la Real Armada Espanola, La Academia de Guardamarinas, asi como vereis otros nombres ilustres como Blas de Lezo o Gaztaneta!
Fuente: Todoababor
Intendente general de la Real Armada Española.
Primer ministro
Secretario de Hacienda, Marina e Indias.
Nació el día once de abril del año de 1666, en Milán, en ocasión de estar esta ciudad ocupada por el ejército español, del que su padre era veedor intendente.
De niño ingresó en la Compañía de Jesús, en la que estuvo por espacio de once años;
en ella, dada su estricta educación, adquirió la esmerada formación, que tanto le sirvió más tarde, para desempeñar con soltura, los altos cargos para los que fue llamado a ocupar.
Viendo próxima la guerra de sucesión por los movimientos de las potencias Europeas,
se decantó por el partido de don Felipe de Borbón, su amistad con el marqués de Leganés, le facilitó el acceso a la Corte, regresando a Lombardía con el empleo de Justicia Final, cuando el marqués de Leganés fue sustituido por el príncipe de Beaudemont, en la jefatura del ejército, se le encargó la recluta de tropas, para el ejército de don Felipe.
Consiguió Patiño, no sin vencer fuertes oposiciones, ser nombrado Ministro del Consejo Real de las ordenes, para ocupar tal puesto el Rey le concedió la militar de Alcántara.
Salió hacía Cataluña destinado a su ejército, en él organizó los aprovisionamientos, que llevaron a la toma total del territorio, una vez conquistado para la corona del Rey, estableció la contribución del
(catastro), con la que se aseguro unos ingresos fijos para la Hacienda. (
Nadie puede poner en duda las miras con las que tomaba sus decisiones y la fiabilidad de la medida, pues este impuesto pervive en la actualidad).
Terminada la guerra y con la corona representada por el rey Felipe V de España, se pensó en reconstruir la Armada, que por diferentes motivos coincidentes había casi desaparecido, llegando a ser representada dos o tres navíos y algunas galeras; dándose los primeros pasos de la nueva Real Armada española,
con la constitución de una escuadra al mando de Pedro de los Ríos, que esta compuesta por dieciocho navíos y seis galeras, que protegieron a doscientos buques de transporte, llevando a un ejército de veinticuatro batallones, con mil doscientos caballos y seiscientas mulas, que transitó hasta Mallorca conquistándola.
Para defender los derechos de España en América del Sur, se formó al año siguiente una escuadra, compuesta por tres navíos y una fragata, que acometieron la labor de limpiar aquellas aguas, del tráfico no autorizado de buques mercantes.
Con el objeto de comparar construcciones,
se encargaron dos navíos a Barcelona, para comprobar las diferencias de construcción con los realizados en el cantábrico y de paso aumentar los navíos de la Real Armada; se le encargo la supervisión de la construcción y fue tan del agrado del cardenal Alberoni, (pues era un hombre que buscaba lo mejor para el servicio de España), que por su recomendación, se le daría a él.
El Rey creó un ministerio, como intendente general de marina, que lógicamente fuese el que entendiese sobre la materia, la construcción, el acopio de víveres y pertrechos, asiento de marinería, fábrica de jarcias, lonas, betunes y artillería, además de cuidar de la materia prima, del corte y fomento de los bosques;
para esta alta responsabilidad fue Patiño elegido
El día seis de junio del de 1717, se firmo la Real Orden por la que la Marina pasaba a ser la Real Armada, pues hasta este momento España había dispuesto de varias Armadas con sus capitanes generales, que no tenían ninguna conexión entre si, lo que dificultaba la unión, por lo que desaparecieron las escuadras del galeras del Mediterráneo, las de navíos del Océano y galeones de Indias, uniéndose en una sola la Real Armada Española.
Prosiguió su labor, ordenando se construyera el arsenal de La Carraca, con todas sus dependencias; naves de arboladura, cuarteles, armerías y almacenes y por supuesto las gradas, de donde saldrían valiosos buques para la Armada, se comenzaron a construir buques en el astillero de Puntales, en los de Cantabria y en los de Barcelona; se construyeron fábricas de cordelería y tejidos, al mismo tiempo fomentó el cultivo del cáñamo y
realizó una de sus grandes obras, creando la compañía de caballeros guardiamarinas, que fue la base del Cuerpo General de oficiales de la Real Armada Española, llegando hasta nuestros días.
En el año de 1717, se preparó la primera de las grandes operaciones, se alistó un fuerza naval, al mando del marqués de Mari, compuesta por doce navíos y algunas galeras, que darían escolta a cien transportes, que llevaban un ejército de ocho mil hombres y seiscientos caballos, al mando del marqués de Lede, su misión la conquista de la isla de Cerdeña, en la conquista de Cáller o de Cagliari la capital de la isla, fue donde por primera vez entro en fuego la joven compañía de guardiamarinas, compuesta por cien hombres al mando de su capitán, el alférez don Juan José Navarro.
Entre los años de 1718 y 1720, el
cardenal Alberoni mantenía el proyecto de elevar la categoría de nuestra Armada, cuando en Europa se le creía ya incapaz de recuperación, por lo que se construyeron varios navíos en los astilleros, para ello se le otorgaron a Patiño de plenos poderes, pero las potencias Europeas se asustaron del gran incremento que se estaba produciendo, por lo que se aliaron para acabar con él.
En el año de 1718, se reunió en
Barcelona otra flota, pero aún mayor que la del año anterior, también reunida en este puerto, se componía de doce navíos, diez fragatas, seis galeras y tres mercantes armados, al mando de don Antonio Gaztañeta, que daban protección a trescientos cuarenta buques de transporte, en los que iban treinta y seis mil hombres, entre ellos seis regimientos de caballería y cuatro de dragones, llevando a mil quinientos caballos de tiro para la artillería, con cien cañones de batir y cuarenta morteros, dos mil artilleros, una compañía de minadores y cincuenta ingenieros, al mando del marqués de Lede. la expedición se hizo a la vela el dieciocho de junio; llegaron a la isla, desembarcaron y la conquistaron, realizando todo ello en menos de un mes.
El embajador del Reino Unido lord Stanhope comunicó a Alberoni, que una escuadra al mando del almirante Bing <<estaba encargada de mantener la neutralidad de la península itálica, a lo que Alberoni contestó <<que cumpliese con las órdenes de su amo.
Pero todo esto no fue comunicado a Patiño, lo que habría puesto en alerta a la flota, pues era una menaza encubierta; al ver los españoles el acercamiento de la escuadra británica, que esta compuesta por veinte navíos de línea, celebraron un consejo de guerra, en el que Patiño como plenipotenciario <<Gaztañeta y Lede tenían instrucciones de no hacer nada sin su dictamen de la misma estuvo presente,
hubieron dos posturas, una quedarse al amparo de las baterías de costa y otra realizar la salida, de esta última eran partidarios Patiño y Gaztañeta, mientras que de la primera, lo eran el resto.
A
l ser Patiño y Gaztañeta de la opinión de la salida, esta se llevó a cabo, además no estaban enterados de las misivas de lord Stanhope con Alberoni, por lo que no pensaron, en que hubiera combate, por lo que navegaron muy confiados, y para arreglar las cosas les faltaba una división, que al mando del general Guevara se encontraba en Malta.
Los británicos atacaron, reuniendo varios de sus navíos contra uno español y así fueron cayendo casi todos los españoles, los cuales no pudieron prestarse ayuda, y lo que tanto sacrificio había costado de construir se perdió en unas cuantas horas, cayendo herido Gaztañeta, sucediendo esto a la altura del cabo Passaro el día once de agosto del año de 1718.
Por una decisión desafortunada, (el nombramiento de un intendente como jefe de una operación naval) muy mala información y peor previsión, pues ninguno de los dos jefes era realmente un marino, España perdió su incipiente Armada.
En el mes de enero del año de 1719, regresó Patiño como pasajero en una galera la Patrona o Santa Teresa, pues las dos llegaron juntas, desde el puerto de Messina a Barcelona.
Estaba en esta capital, con el cargo de intendente de Cataluña, cuando sobrevino la caída de Alberoni; inmediatamente empezaron a funcionar las envidias y
sus enemigos trataron de hacerle caer como a su gran protector, basándose en los inmensos gastos realizados, pero que no eran para él sino para construir una Armada, sólo que esto no importaba, lo que prevalecía era el gasto y eso es lo que utilizaron contra él.
Esperó en esta capital a que amainara el temporal, cuando lo creyó oportuno se presento en la Corte, se justificó a satisfacción del Rey, demostrando que todo lo por él realizado, era en cumplimiento de órdenes terminantes y precisas, emitidas por el ministro Alberoni.
El día quince de septiembre del año de 1720, fue repuesto en el cargo de intendente general de marina y poco después como presidente del Tribunal de Contratación.
Fue llamado a la Corte, donde acudió sin perder un solo día,
se requería su presencia para llevar a cavo un nuevo armamento, de una expedición que obligara a los moros a levantar el asedio a la ciudad de Ceuta, la cual llevaba veintiséis años soportándolo.
Se llevó al efecto en la ciudad de Cádiz, la escuadra estaba al mando del teniente general don Carlos Grillo, las galeras al de don José de los Ríos y el ejército al del marqués de Lede, éste lo componían dieciséis mil hombres; se llevó la acción de tan perfecto modo, que a no ser por la intervención de la diplomacia de las potencias Europeas, el ejército hubiera conquistado la costa hasta Túnez.
Continuo con su entrega y conocimientos al perfeccionamiento de la nueva y naciente Marina; por reglamento del día veinticinco de agosto del año de 1720,
se fijaron los sueldos de los oficiales, maestros y equipajes de buques; en el año de 1724 se traslado a La Carraca, el astillero de Suazo que había existido desde el año de 1607; el día treinta y uno de mayo del año de 1725, se puso en marcha la primera ordenanza de arsenales y el día uno de enero del año de 1725, se llevó a cavo el de cuenta y razón.
Consiguió formar una Marina que si bien su modelo era la francesa, lo llevaban los tiempos, pero marcando la diferencia los modos de ser de las dos naciones, podía considerarse
la mejor Marina que nunca tuvo España hasta esas fechas.
Obtuvo las secretarías de Marina e Indias, en el nuevo Consejo, que se formó en el mes de mayo del año de 1726, unos meses mas tarde, cesó francisco Amaza en sus cargos y el Rey ordenó que
se le diesen a Patiño, con lo que se agregaron a sus cometidos y responsabilidades, la secretaría de Hacienda, Superintendencia general de Rentas y el gobierno de su Consejo y Tribunales, sus buenos y acertados cometidos en todos estos empleos, le granjeó la confianza de los Reyes.
Habiendo sido nombrado ministro de Estado, se puso manos a la obra, por lo que comenzaron unos nuevos armamentos,
se comenzó la construcción de nuevos buques; en el año de 1926 entre los astilleros de Guarnizo y Santoña, se terminaron ocho navíos de línea; poco después se habían constituido dos escuadra una en Barcelona compuesta de veinticinco navíos y unos pocos buques más de menores características y el Alicante otra con doce navíos y unas varias fragatas, armamento que era para la época, muy superior a lo que otros esperaban se pudiera realizar.
En diciembre de éste año se crearon los nuevos departamentos de El Ferrol y Cartagena, pues la flota iba creciendo y necesitaba nuevos lugares, donde poder resguardarse y repararse.
Uno de sus grandes triunfos y ante la negativa de Francia, fue el preparar una expedición compuesta de veinticinco navíos, al mando de don Esteban Mari, que daba protección a otra de transporte, con unos efectivos de siete mil hombres al mando de Ludovico Spinola y a la que acompañaba una británica de dieciséis navíos, al mando del almirante Wager; ante tal demostración de fuerza la Francia miró hacía otra parte y asintió; el infante tomó por fin posesión de los dos ducados; el de Parma, le correspondía por herencia de su madre, de ahí su gran interés y el de Toscana, por un convenio anterior, firmado por el último Gran Duque de Médicis.
El día veintiuno de marzo del año de 1731, firmo una exposición, sobre los motivos y causas de las promociones de los oficiales, y el modo en que debían realizarse.
En el año de 1732, formó una nueva expedición, esta vez contra Orán que desde 1708, aprovechando la inestabilidad de la política en España, se habían apoderado de ella los berberiscos; estaba compuesta por doce navíos, al mando del general don Francisco Cornejo,
a la que se unió en Alicante la de don Blas de Lezo, que daban escolta a una de transporte de quinientos buques, que transportaban un ejército de veintiséis mil hombres al mando del duque de Montemar. En este año se creó la matrícula de mar, siendo declaradas las exenciones de todos los individuos que en ella se alistasen.
El resultado fue la toma de Orán y de Mazalquivir, que fueron dotadas de fuertes guarniciones, por esta gran victoria, fueron condecorados los generales al mando de ella, pero más contento con quien la había organizado, le concedió a Patiño el collar de la Orden del Toisón de Oro.
En el año de 1733, fallecía el Rey de Polonia, Federico Augusto, como no tenía descendencia, las potencias Europeas se pusieron a juzgar quien debía asumir el puesto vacante; como ya era habitual nuestra Reina quiso poner en él a su hijo Carlos,
pero Patiño le hizo ver que el poseer Nápoles y Sicilia era mas importante
Se organizó una nueva expedición, para sentar en el trono de Nápoles y Sicilia al nuevo Rey; se puso al frente de ella al propio infante, nombrado generalísimo, la componían veinte navíos y treinta mil hombres al mando del duque de Montemar.
Pacificada Nápoles, se dirigió a Sicilia, donde se tuvieron algunos enfrentamientos, con los simpatizante del emperador, pero cuando se llegó a Palermo, quedó toda la isla dominada.
Fueron tantos los recursos que la Reina facilitó a su hijo, gracias a la buena administración de don José Patiño, que su hijo se hizo muy popular, al llevar a cavo una rebaja de los impuestos, lo que le supuso mantener su reino tranquilo de toda adversidad.
Mientras tanto el emperador de Francia, se vió tan involucrado en la cuestión de Polonia, que le costó todos sus territorios en la península itálica. (Una vez más Patiño tenía toda la razón, sólo que esta vez se pudo evitar, por sus grandes dotes de político).
Seguía su labor incansable, estando siempre pendiente del ramo de la construcción naval, la marina iba aumentándose y perfeccionándose, en todas sus ciencias.
Se realizó el reglamento del uso de banderas por procedencia de departamentos, ya que había dividido la flota en tres escuadras para despertar el estímulo de los marinos, fijando a cada una su pertenencia a un departamento marítimo, correspondiéndose con su arsenal.
Fue también muy propio de su carácter y de sus conocimientos, el sacar a subasta la mayor parte de las empresas económicas, llegando al punto de hacerlo hasta con la construcción de los navíos.
Bajo su mandato se pudo reunir una flota de treinta y un navíos, de ellos diez de 70 cañones y veintiuno de 60; quince fragatas y numerosos buques menores.
La actividad de esta flota era muy agitada, pues igual estaban, combatiendo contra los enemigos del norte de África; que proporcionando una escolta a las de las Indias con sus ricos cargamentos, que de hecho se realizaban con mayor frecuencia; que realizando expediciones en defensa de nuestros intereses en la península itálica.
En el año de 1734, se produjo un gran desastre, que no fue otro que el incendio del palacio Real
El trece de octubre del año de 1736, el Rey por decreto le otorgó las grandezas de España de primera clase: <<Para él y para sus herederos sucesores, en atención a sus singulares méritos y relevantes distinguidos servicios
Don José Patiño, ya grave pero con un gran humor, al enterarse de la concesión comento <<que S. M. le enviaba sombrero cuando no tenía cabeza. [Aquí hay que aclarar, (para quien lo desconozca) que este privilegio de “Grande de España”, permite al que lo recibe hablar con el Rey de pie y cubierto, lo cual no es poco permitir; fue instaurado por el rey Carlos I, concediéndoselo sólo a doce aristócratas; además reciben el tratamiento por parte del Rey de “primo” y coloquialmente se le llama “Caballero cubierto ante el Rey”; está en heráldica entre el título de “Infante” y el de “Duque”, lo que no quita, que un grado inferior lo posea, como puede ser un Marqués, un Conde, un Vizconde, un Barón o un Señor].
Falleció el día tres de noviembre del año de 1736, en La Granja de San Ildefonso en Segovia.