Yo lo enfocaría de otra forma, primera navegada -si no hay mucha ponientá, claro- Cádiz-Lagos. Para empezar quemando ganas de navegar al principio que se va con ilusión.
Y luego te vas dejando caer a favor del viento, volviendo según apetezca. Porque un barco no es una oficina, hacer planes sirve de poco. Hay que ir improvisando, y eso también tiene su encanto...
