Fantástico relato, Oceanis44, y muchísimas gracias por compartirlo con nosotros.
De alguna manera, los paisajes que descubriré ahora se tiñen de tus recuerdos, de tu historia, y los veré de otra manera. Tu experiencia se suma a la de todas estas personas que, a lo lardo de la Historia, han llegado a Malta, para buscar allí nuevas riquesas, nuevas aventuras, o refugiarse de sus infortunios.
Nada, en la vida, creo, puede llegar a ser tan desgarrador como la separación de una familia en un muelle, en tiempos de guerra. Debe ser un recuerdo aún terrible de llevar dentro. Gracias a Dios, nunca he conocido la guerra ni este tipo de separación, pero tu relato me recuerde mucho lo que me contaba mi madre, cuando su familia y ella tuvieron que salir por patas de Algeria en el 1962. Se embarcaron, como tu, en un carguero, desde Mers El-Kebir (puerto de Oran) rumbo a Sète, con dos maletas que contenían todo su pasado. Mi abuela, que nada sabía del país que la iba a acoger, no paró de llorar, mirando a la estela del buque que la alejaba de su auténtica patria.
La historia de la humanidad, y la de España en particular, está repleta de desgarros y lágrimas, de gente desplazada y de otros que se quedan en la incertidumbre del futuro inmediato.
Me he emocionado mucho con tu relato, la verdad. Me encanta la manera que tienes de contar cómo has comprendido el valor que un marino podía dar a su barquita, este lazo mágico que une el patrón a su embarcación. Seguro que ahora que navegas y tienes barco, piensas a menudo en el orgullo de aquel pescador maltés.
Oceanis44, curiosamente mi padre también era ingeniero en perforaciones petreleras y se pasó la vida en plataformas de petróleo. Siempre prefería irse en tierra, aunque fuera en medio del desierto, que embarcarse en las plataformas marinas. Odiaba el mar. Como son las cosas, verdad??
Un cariñoso abrazo. Gracias de nuevo por haber querido compartir tus recuerdos. Esta ronda va por tí.
