Discusión: Mi primera castaña
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Antiguo 30-07-2015, 14:23
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Predeterminado Re: Mi primera castaña

(Continúa)

Desde el principio salimos con el chaleco puesto, no vaya a ser que surja algún imprevisto o cualquier golpe de ola traicionero. No esperábamos ningún cabo de Hornos, pero insisto en que la meteo estaba bastante abierta.

La meteo no era buena para una navegada tranquila, pero curiosamente no por malas condiciones, sino por un viento caprichoso, rolón y muy racheado, que no obstante no llegaba a ser peligroso en ningún momento, sólo incómodo como ya digo. Lo mismo desaparecía de golpe, dejándonos a la deriva, que volvía enseguida de direcciones insospechadas, así que decidimos poner motor para coger algo de mar y buscar vientos más estables. La estrategia funciona y al final conseguimos navegar con arrancada, estableciendo los rumbos deseados a cada momento, y haciendo las maniobras que íbamos considerando oportunas.

La mañana transcurría agradablemente, los aperitivos acabaron siendo historia cuando llegó el momento, y navegar volvía a ser un placer otoñal. Así estuvimos hasta la una del mediodía aproximadamente, cuando nos encontrábamos a unas cinco millas de tierra según el plotter, y decidimos dar por terminada la navegación y volver a puerto.

De pronto Eolo dice que ya es hora de comer, y ha visto tres boquerones por la Costa Dourada que tienen buena pinta. El viento de repente sube con una intensidad y una rapidez que no había visto antes, sin aviso y sin cita previa, viniendo del SW. La ola empieza a crecer en altura y manteniendo su típica frecuencia mediterránea, viniendo también la misma dirección que el viento. Nuestro rumbo directo a puerto era NW, por lo que el ataque de los elementos nos entra por el través de babor, provocando importantes escoras que me empiezan a poner los timones de corbata.

Yo estaba a la rueda y empecé a ver que la cosa se ponía seria, pero seria de verdad. Las condiciones para entonces ya eran las peores que yo había conocido a bordo de cualquier cosa flotante, reconozco que debido a mi bisoñez no hacía falta mucho para eso, pero el problema es que el tiempo seguía empeorando, y a una rapidez vertiginosa.

Mis compañeros empezaron a recoger velas y enrollan el génova enseguida, sin problemas. Con la mayor ni nos planteamos rizar, a la rapidez a la que está subiendo el viento hay que recogerla entera y volver a puerto a motor.

Reivah y Krank tomaron la sabia decisión de engancharse a la línea de vida de babor (este barco lleva un cable de acero en cada banda, para tal fin). Y hecho esto se pusieron a recoger la mayor, que este barco es enrollable, tan cómoda en algunas ocasiones y tan complicada otras. Y aquí vino el primer problema serio.

La vela estaba totalmente descontrolada, templando y flameando intermitentemente, cada vez con más fuerza. Los golpes de viento se traducían en fuertes tirones del trapo sobre la botavara, que a veces volvía al centro de crujía y de nuevo golpeaba hacia sotavento, castigando duramente la escota, que arraigaba justo delante de la bitácora y de la rueda que estaba a mis manos.

Yo, con la mayor aún sin empezar a recoger, intentaba aproarme lo máximo posible, para evitar la fuerte escorada que ya llevábamos y los golpes de ola cada vez más fuertes que íbamos recibiendo por través. Imposible, al llevar la vela entera, el mismo viento me mantenía el rumbo que yo no quería, atravesando el barco y dejándolo perpendicular de nuevo a ráfagas y olas (aunque enfilado a puerto). Así que definitivamente arranco el motor para ayudarme a arribar, y algo conseguí, pero no lo suficiente.

Al no poder aproar, y tener el viento de través, la maniobra de enrollado se hacía una odisea. Para colmo de males, nada más empezar a recoger, los cabos del pajarín y del enrollador se hacen un lío a la entrada de los stoppers, impidiendo la maniobra por la tensión que generaba la vela y que tiraba de ellos en contradirección.

...
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El auténtico viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevas tierras,
sino en tener nuevos ojos” (Marcel Proust).


Hice un acuerdo de coexistencia pacífica con el tiempo:
ni él me persigue, ni yo huyo de él. Algún día nos encontraremos.

Editado por Aporelmar en 01-08-2015 a las 22:56.
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