
09-08-2015, 20:19
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Hermano de la costa
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Re: El Hilo Del Porno
He aquí mi relato del POR_NO
Poco después de salir el sol nos visitan dos grandes delfines. Se ponen en proa con unas ganas enormes de comunicarse. No hacen más que mirar de lado y soltar gritos. Uno de ellos tenía cicatrices de hélice en el lomo (no se si se verá en las muchas fotos que le tomamos). Estuvieron un buen rato con nosotros.
Llegando a Menorca, llamo al cofrade Taranta y me informa que en el puerto donde está, Cala Bosch, no puedo entrar a causa del puente. Es solo para tractoristas y barcos pequeños. Me aconseja ir a Ciudadela o a Mahón, ya que se aproximan días con viento fuerte del N/NE.
Llego a Ciudadela, amarro en el Náutico y voy a hacer la entrada. A la vuelta, nada más subir al barco y pensando que debo revisar bien las amarras, sale el mercante diario. Succiona al pasar a nuestro costado, la amarra de proa se larga (la había puesto mi hijo, y no es muy ducho que digamos) y el Kacao sale disparado hacia popa.
Le doy un meneo de aúpa a un 36’ inglés que se encuentra a mi popa, también de popa afortunadamente. Salgo zumbando al muelle (el barco volvía a todo trapo hacia proa y la amarra y cornamusa de popa resistieron el tirón) y cazo la amarra de proa, echándola rápidamente a la anilla más cercana.
Del golpe se rompen los enganches de mi pasarela y vemos que el inglés tiene una pequeña grieta en el espejo. Se lo toma bien el tío. Me dice que tiene epoxi, que tranquilo, que no ha sido grave… (me debía ver francamente cabreado conmigo mismo). Le pido miles de disculpas mientras me llamo burro y reburro por no haber revisado bien las amarras antes de abandonar el barco. Es una falta imperdonable para un patrón que se considera medio experto. Y no es excusa decir que es la primera vez que me pasa. Eso no debe pasar nunca. En fin; siempre se aprende algo nuevo.
Damos un pequeño paseo y una ducha para tranquilizar los ánimos. Comemos e intento echarme una siesta (no había dormido prácticamente nada en toda la noche). Nada más echarme, llega un Bavaria 46 con seis teutones a abarloarse. Les echo una mano y claro, salen, preparan, amarran, limpian, pasan, repasan… Y por mucho cuidado que pongas (que lo ponían) no me dormí. Además hacía muchísimo calor.
Por la tarde paseito por esta ciudad tan bonita, miro las previsiones del tiempo para confirmar lo anunciado por Taranta y nos vamos a cenar al restaurante El Horno, que está muy cerca de la catedral. Cenamos un cous-cous, sepia y civet de jabalí. No pudimos con la cantidad que nos pusieron, y eso que estaba buenísimo todo. Nos costó 70 pavos para los cuatro. Según mi opinión, altamente recomendable.
A las 23:30 me metía en el pulguero a dormir. ¡Que sueño, jobar!.
Y todo eso fue POR NO revisar la amara de proa. En fins 
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No es tan malo envejecer, si se considera la alternativa... (Katharine Hepburn)
... Pero que difícil es aceptarlo (Epops)
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