Re: ¿motovelero para el cantabrico?
Continua el relato:
Puse rumbo al sur con un pequeño foque nada más y el barco se deslizaba a 5 nudos de manera suave entre las olas. Con el viento y mar por la aleta y popa, el piloto automático no podía mantener un rumbo estable y me obligó a llevar la rueda un buen rato. Al poco tiempo el Kechulo me sobrepasaba planeando a más de 7 nudos, con su mayor rizada y su foque totalmente desplegado.
Al entrar en la ría de Muros, por los Leixoes, el viento soplaba por la proa con rachas de 35 nudos, puse la mayor rizada y el motor a 1100 rpm y a 4 o 5 nudos avanzaba comodamente con el piloto automático, de forma que a las 6 de la tarde estaba atracado al náutico de Portosin. Allí me encontré a Ramón Carnota (Riás) que regateaba entre vientos de 35 nudos y sin despeinarse, los que lo conocen saben que no miento, ya que luce una hermosa calva. También llegaron David, el inglés del Samoa y Baldomir del Poros. Es curioso comprobar como vamos coincidiendo en los distintos puertos los barcos de La Coruña que bajamos a las Rías Bajas.
Llevo varios meses con un goteo incesante por el prensa del eje de cola, que además va en aumento y es un sello mecánico de esos que se supone que no gotean nada. Le digo a Alfredo, excelente mecánico de Portosin, que le eche un vistazo y enseguida detecta que la goma se despegó del toro de grafito por un defecto de vulcanizado. Me pide un nuevo sello y estoy a la espera de subir el barco en el travelift para carenar y cambiar el prensa. Mientras espero, aprovecho para degustar unas ostras deliciosas en O Freixo, que tras la primera docena no puedes evitar pedir la segunda, y caerían la tercera y la cuarta si la cartera no se resintiera tanto, a un euro cada ostra, pero merecen la pena, al igual que las almejas al natural que también son insuperables, el albariño Castro de Baroña a 10 euros parece así mismo de lo mas razonable. Todo en Mariscos Pepe, justo en el puerto.
En Esteiro se come muy bien en el restaurante O Muiño, la parrillada de pescado es de lo mejor y los sargos a la plancha son su especialidad, muy bueno todo y el precio no es barato, pero tampoco es ningún clavo.
En el restaurante del náutico de Portosin se come muy bien y a muy buen precio y eso se nota en el movimiento que tiene ahora, nada que ver con lo que había antes, que aun siendo de superior calidad, tenía unos precios exagerados que se notaban en la ausencia de comensales. En el Portofino también se come bien y variado y hay una pizzería (Di Pietro) que, aparte de buenas pizzas, hace un pulpo a la plancha que hay que probar, no así el godello cosechero que te ofrece a muy buen precio pero que no se deja beber.
Juan Varela (Gran Siiesta).
*
*
El "Gran Siesta" de regreso a La Coruña.
Por la Costa da Morte, Agosto de 2005
*
*
*
*
Tras varios días de estancia en el Club Náutico de Portosín y después de cambiar el sello mecánico (prensa estopas) del eje de cola, por fin pudimos iniciar el retorno a La Coruña. El martes 30 de Agosto, a las 12 del medio día saliamos de Portosín envueltos en una espesa niebla que por Monte Louro empezó a aclarar ligeramente, con una visibilidad de media milla. En estas condiciones la navegación resulta triste y se hace muy cansada, ya que requiere de una atención muy constante y extrema, sobre todo entre Louro y Finisterre con numerosos pesqueros faenando, que cruzan de norte a sur y de este a oeste por el canal de Los Meixidos, sorteando los numerosos bajos con envidiable pericia y seguridad, pero que te exigen una atención permanente, ya que en su faenar pesquero no siguen ningún rumbo determinado, sino que zigzaguean por aquí y por allá arrancando y parando según las necesidades de su actividad y, en estas condiciones, su seguimiento cinemático en el radar se hace realmente difícil.
A las tres de la tarde estábamos al pié del faro de Finisterre, se veía el cabo a ras de agua, pero el faro quedaba oculto por la niebla en una estampa fantasmagórica, no exenta de un cierto encanto. En el cabo de La Nave se vuelve a repetir la misma estampa, me aproximé bastante al cabo para tomar una referencia visual directa y asegurar la posición que ya me daba el GPS plotter y el radar. Era un pico de piedra que semejaba la proa de un barco saliendo de un banco espeso de niebla, Las inmediaciones del cabo son aguas profundas y no hay peligro en acercarse si no hay mucha mar, como era el caso.
A la altura de Touriñana empezó a mejorar la visibilidad y ya se veía el faro a una milla. El viento también arreció a 25 nudos, pero como era por popa volábamos a 8,5 nudos, así que apagué el motor y me quedé en unos unos muy respetables y comodos 6,5 nudos, pero descubrí un ruido extraño en la zona de la hélice, como un tac tac tac al compás de las revoluciones del eje girando libremente, supongo que debe ser algún cabito en la hélice, tengo que subir el barco para carenar ya que en Portosín seguían con el travelift averiado y no pude hacerlo, y comprobar ese ligero traqueteo. (Más tarde descubriria en Coruña que era el ánodo de zinc que estaba suelto y giraba loco en el eje de cola. Seguramente al cambiar el prensaestopas en Portosín se forzó el ánodo, ya muy gastado y debilitado, que acabó aflojándose al rozar contra el arbotante del eje. Nada importante).
A las 6 de la tarde ya estaba amarrado al pantalán del Náutico de Camariñas. Cena en el restaurante Arnela con nuestro amigo Manu, con muchos percebes y una deliciosa parrillada de pescados regada con abundante vino alvariño, para premiar el coraje de Isabel que bien se lo merecía. Está hecha una loba de mar y ya no solo no le asustan los temidos cabos de A Costa da Morte, sino que ya empieza a admirar su impresionante e imponente belleza.
El miércoles 31 de Agosto salimos de Camariñas a las 11 de la mañana, después de un copioso desayuno con pan recién horneado y huevos con baycon, café con leche y zumo de naranja. El vientecillo del Sursuroeste que fue virando a Oeste e incrementando de 10 a 16 nudos nos ayudó todo el viaje, de forma que a las seis y cuarto de la tarde ya estábamos en Coruña. Aunque tuvimos un poco de mar de fondo, Isabel me decía que fue el día que más había disfrutado la navegación. Me queda la duda si sería por la inminente vuelta a casa o porque realmente le está tomando gusto a la cosa.
Juan Varela. (Gran Siesta)
*
|