Mi historial de rescatador de kayaks es corto y bastante deplorable.
Vovía a motor a mi playa base (en la que había un negocio de alquiler de kayaks) sobre las 5 de la tarde con mis hjos, en mi bot de 21 palmos soportando el típico garbí térmico de la Costa Brava, bastante ola y muy corta. Cerca ya de la playa, pero por fuera del gran campo de boyas que hay allí, vemos una pareja en un kayak doble que nos "saludan". Devolvemos el saludo y seguimos a nuestro rumbo. "Saludan" más efusivamente y me doy cuenta de que piden ayuda.
Me acerco y nos dicen que no pueden más, que están agotados y que si podemos darles remolque. Me alejo un poco, preparo un cabo largo (el de fondeo) y me vuelvo a acercar. Al segundo intento mi hijo consigue que el cabo llegue al chico que va en proa. Le digo que ate el cabo lo más a proa que pueda y él me dice que lo sujetará con la mano; insisto en que lo ate y el tozudo que no, que lo lleva en la mano. El balanceo es insoportable, me alejo un poco y mientras mi hijo va largando cabo, intento ponerme en su proa y alineado con él. Le repetimos que ate el cabo; se agacha hacia proa y levanta el pulgar. Entendemos que ya lo ha atado y meto una punta de gas avante. Pero no, el tipo sigue con el cabo en la mano.

y a los cinco segundos, tirando de tan alto y tan atrás el kayak se desequilibra y la parejita se va al agua.
Recogemos el cabo con cuidado de no liarlo en la hélice y le digo a la chica que suba a bordo y a él que ate el pu*o cabo a la proa y que se suba también. La chica no se suelta del kayak volcado y dice que no, que está agotada y que no se suelta. El tipo dice que tampoco, que los remolque así.
Me niego. Les pregunto si pueden aguantar un rato así y me dicen que sí. Me largo rumbo a la playa con el corazón en un puño, aviso al responsable de la empresa de alquiler y sale zumbando con la zodiac a por ellos.
Calculo que estuvieron un cuarto de hora solos en el agua. Cuando llegó la zodiac con el kayak atravesado encima y la pareja empapada y aterida yo estaba aún subiendo el bote a la arena con el cabestrante. Ni un comentario ni de los náufragos ni del alquilador.
Y esto es todo, amigos.
