Tal como lo cuentas, el acuerdo con la constructora parece fácilmente anulable.
Por otra parte, en la situación actual dudo de que una variación tan importante pase el trámite de información pública a causa de su impacto ambiental.
Si al final se lleva a cabo, probablemente conducirá a un resultado como el obtenido en el Club Nàutic de Tarragona.
En Tarragona se trataba de sacar el Club del interior del puerto comercial y, de paso, vender un montón de metros cuadrados de locales de ocio nocturno y restaurantes. En el tuyo, el quid de la cuestión está en esas plazas hoteleras que citas y que la nueva ley de costas ya permite. Ya podéis ir despidiéndoos del Club.
Tal vez, cuando todo haya fracasado y los bancos se hayan hecho cargo del proyecto fallido, podáis volver a amarrar en vuestro puerto.
Sota, Caballo y Rey. No hay atutía.
