ES cierto que si alguien está decidido a robar hará el destrozo que sea necesario para conseguir el botín. Pero también es verdad que una cerradura mísera invita a hacerlo a algunos que, con un poco más de dificultad, no se plantearían el hurto.
En el término medio está la virtud. Es fácil hacer saltar un candado si está enteramente accesible, pero si queda semioculto tras una chapa o un relieve metálico, la cosa cambia.
Hay cerraduras de vivienda enteramente de latón (que además, al instalarlas, quedan por dentro del portillo), y el bombín queda ligeramente saliente al exterior. Yo tuve una instalada y tapaba el bombín con un taco de goma de la pata de una silla y nunca dio problemas. Después acabé instalando otro tipo de portillo y tuve que cambiar el sistema de cierre.
También es cierto, como dice Caribdis, que evitar la ostentación ayuda a que se fijen en otra presa más apetitosa


