El problema de todo eso me parece que radica en cuando el club (entidad privada), mediante la preceptiva concesión, está ubicado en unos terrenos de propiedad pública y su deuda con la correspondiente administración asciende a cifras que se pueden calificar de astronómicas (más cuando tenemos que prescindir de determinados servicios sociales) y para justificar el mantenimiento de la concesión se ampara en su labor social desde el punto de vista del ámbito deportivo.

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«pólvora, poca, y metralla, hasta la boca»

... no se yo si ...