Con los precios de los puertos públicos de Cantabria no llegaría ni para pagar la luz de las farolas; el resto lo tendrían que pagar los cántabros, navegantes o no, vía impuestos.
Por un lado está el costo de amortización de la infraestructura, y por otro, el tipo de servicios que se desean: limpieza, vigilancia, etc., y la calidad hay que pagarla, bien los usuarios, bien el resto de ciudadanos.
Mi abuela decía: nadie da duros a cuatro pesetas.
