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Antiguo 02-12-2015, 03:50
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Hermano de la costa
 
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Predeterminado Re: Cuando dí la vuelta a España

Fragmento:
La mañana me encontró adormecido, pero con las pilas puestas y cargadas para poder zarpar de una vez. Estaba muy nublado y chispeaba el dichoso chirimiri como para que no lo olvide, pero no hacía frío y se respiraba mucha calma en el ambiente.
Me dispuse a repostar agua a tope, estibar todo muy pero que muy bien, amarrar la batería (tenía solo una de 180 amperios, y usada), y cargar el plotter con la derrota hasta Santander ya que no tenía nada claro cómo respondería el motor, ni las velas ni el barco. Hasta ese momento aún no lo había navegado, solamente hasta Getxo a repostar gasoil, así que, como saldría tan decidido y a la brava, al menos haría una primer etapa corta para poder controlar más o menos el comportamiento del Skorpyo…y el mío.
Una vez terminado el zafarrancho, puse el motor en marcha y, mientras se calentaba, tomé unas fotos del puerto que había sido su hogar durante algunos años, y el mío unas semanas. Guardé la manguera del agua y el cable de la luz, solté amarras y… a la mar!.
Eran las 8.20 horas del lunes 10 de junio de 2013, una mañana nublada —para variar…— y con una temperatura medianamente agradable. Mientras daba avante poca y salía del amarre, observaba el pantalán y el puerto, los barcos pesqueros, el pueblo y su monte, Serantes, tan verde y lleno de vida.
Dicen los lugareños que cuando el Serantes se pone la boina —esto es cuando una nube cubre su cima—, viene mal tiempo, aunque ese día no parecía que fuera el caso.
Al dirigir la mirada hacia popa y ver como se alejaba el muelle, caí en la cuenta de que era como cuando uno despide a alguien que quiere en el aeropuerto, una mezcla de euforia y ansiedad por empezar el viaje, y una ligera nostalgia por lo que dejaba atrás. Y es que aquellos días transcurridos allí fueron muy importantes para mí, y aún hoy los recuerdo con cariño.
Con ese sentir, puse proa hacia la ría de Bilbao, para virar a babor rumbo a la bocana. El agua era una balsa de aceite, pero aún así dejaba ver su masa potente y cantábrica con un mar de fondo tranquilo, pero de olas pausadas, como esperando al gran Eolo: «¡No te ilusiones chaval, que esto no es así siempre!». No, por supuesto, solo estaba descansando un poco para retomar energías… Ya me enteraría de cuánto vale un peine.
Mientras iba navegando, ya en mar abierto, recordé algo que me había dicho Josu, un buen tío del puerto vasco: «en el Mediterráneo tienes que ver si hay buen tiempo o mal tiempo, aquí no tenemos ese problema… siempre es malo». Sin comentarios…
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Mi aventura rodeando la península en solitario:
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