25 a 26 de noviembre
Aunque la comida se alargó más de lo previsto, acabamos llegando al puerto a las 18:30, no tuvo mayores consecuencias, puesto que no estaba aún solucionado el problema hidráulico. Así que, como siempre que vas a zarpar, aprovechamos para tomar algo, hacer llamadas, y cosas por el estilo hasta que pudimos zarpar hacia las 21:00.
Salimos sin novedad ni problema alguno de Marina Lanzarote, trazando un rumbo que nos llevaría por el Sur de Lanzarote para luego cruzar por el canal entre ésta y Fuerteventura, isla que dejaríamos a babor navegando a lo largo de su cara Norte aunque a cierta distancia para evitar los efectos que las costas a sotavento tienen sobre el viento, que seguía siendo casi del N.
Al cabo de un par de horas de plácida navegación nocturna al socaire de Lanzarote, nos internamos en el canal que la separa de Fuerteventura donde el viento era ligeramente más duro, pero nada serio, de hecho tras los últimos días nos parecía una leve brisa de unos 20 Kn … Al poco rato escuchamos una llamada de alerta por parte de Tenerife radio anunciando la caída de un hombre al agua. Tras cambiar de canal siguiendo las instrucciones del operador de radio, nos enteramos de que un hombre había caído al mar desde tierra en el S de la isla, nos quedaba muy lejos y, por tanto, no podíamos hacer nada. Mi guardia terminaba en esos momentos, y opté por acostarme un rato, puesto que en cuatro horitas debía estar de nuevo en la “oficina”, es decir, a la rueda.
Y ahí empezaron los problemas, me pregunto si fue porque me fui a dormir …. y es que mientras yo dormía empezaron a pasar “cosas” … Tras tres horas de sueño absolutamente reparador y bienvenido, me levanté y salí a la bañera de maniobra. Hay que decir que esto no es tan fácil como parece, pues cuando vas a hacer guardia de noche empiezas por levantarte, luego decides qué te pones. Parece obvio, estaréis pensando algo así como “Serás bobo … te pones el peto, las botas y la chaqueta de agua y listo!” Pero no, según el frío que haga has de pensar si te poner una capa de ropa interior o dos, qué tipo de camiseta quieres, si sobre ella te pones un forro polar o simplemente otra de manga larga, si te pones los calzoncillos largos o cortos, etc .. porque si te pasas de ropa sudas, el sudor se enfría y acabas con la salud un tanto perjudicada, claro que si te quedas corto pasas más frío que un tinerfeño en el Polo Norte.
Pues bien, una vez vestido salgo a bañera y Juanlu, que está de guardia como patrón, me explica que se ha producido una fuga de líquido hidráulico en el circuito que regula el pujamen, es decir, que permite aplanar la vela en ceñida y “abombarla” en portantes y popas. No parece un problema terrible porque llevamos el viento en popa … pero tendrá sus consecuencias unas horas más tarde. Efectivamente, la vela tiene mucha bolsa y nos impulsa con fuerza, aunque el viento ha rolado a la derecha y nos obliga a seguir un rumbo que nos separa del ideal, lo que hará necesario trasluchar unas horas más tarde. Sin mayores problemas, transcurren nuestras dos horas de guardia y nos vamos a dormir, puesto que sólo teníamos cuatro horas para ello y debíamos entrar nuevamente de guardia a eso de las 10 de la mañana.
Alrededor de las 9:45, aún en la cama, y cinco minutos antes de que suene el despertador, me despiertan los ruidos propios de una maniobra de trasluchada… de repente oigo pasos apresurados sobre cubierta y acabo escuchando cómo la mayor baja a toda velocidad. Si recordáis lo que os expliqué de las trasluchadas, recordaréis que en ellas es necesario cazar la escota de mayor al centro del barco para evitar que la botavara pase de un costado a otro violentamente. Pues bien, al estar el pujamen (es el borde inferior de la vela) tan suelto, la mayor hace una bolsa bastante considerable y desarrolla una enorme potencia que arranca el carro que hay en el vértice posterior de la vela, y se vieron obligados a arriarla a toda velocidad.
Así, cuando llego a cubierta, me encuentro que estamos navegando sólo con la trinqueta y el génova. Juanlu ni se inmuta, aunque debe estar más que molesto, simplemente monta la trinqueta de forma que quede al lado opuesto del génova para que podamos seguir yendo con el viento en popa sin mayores problemas, pues tras la trasluchada vamos a rumbo directo. Ahora llevamos las dos velas de proa a ambos lados del barco, en lo que el gran navegante Cocúa Ripoll llama “alas de mariposa”, se conecta el piloto automático y desayunamos tranquilamente, Juan Luis pasa un rato distendido con nosotros y luego se pone a investigar qué es lo que ha ocurrido.
Tras unos minutos, se da cuenta de que cuando se reparó el pistón que antes os he comentado (para cambiarle una junta) al reconectar el latiguillo (es un tubo flexible) que lleva el fluido hidráulico al pistón, alguien había apretado la tuerca una vuelta menos de lo necesario. El resultado fue que la enrome presión del sistema acabó aflojando esa tuerca, lo que provocó la fuga de líquido y la consiguiente pérdida de presión que acabó derivando en lo que acabo de contaros.
La lección que podemos extraer de esto es que en un barco siempre hay que estar pendiente de todos los detalles, especialmente cuando vas a afrontar una larga travesía que requiere esfuerzos continuos tanto al material como a la tripulación.
Una vez controlada la situación, seguimos navegando tranquilamente hasta Santa Cruz, en cuya marina amarramos a media tarde, nos esperaban un par de días en puerto, y se bajaban del barco Iñaki, Jaime, Orlando y Santiago, con quienes hemos compartido una maravillosa experiencia en este viaje que empezó hace ochocientas millas en Cádiz..
Y ahora, si os parece, os contaré lo que más me impresionó de esta travesía, ocurrió durante la noche pasada, a eso de las diez y media de la noche … escuchamos un nuevo aviso de seguridad, pero esta vez resultó escalofriante, mucho más que el aviso de hombre al agua. Salvamento Marítimo notificó que estaban a la búsqueda de una patera que había zarpado de Marruecos el 15 de noviembre con 70 personas a bordo sin que se hubiera vuelto a tener noticias de ella desde entonces. A bordo se hizo el silencio, caras serias, de incredulidad ante algo que normalmente vemos desde muy lejos sentados confortablemente en casa ante el televisor. Sin embargo, ahora estábamos en el mar, y relativamente cerca, no era cuestión de iniciar una búsqueda porque ya estaba en ello Salvamento Marítimo con barcos y helicópteros, pero sí se nos pidió que prestásemos máxima atención en las guardias y avisásemos si veíamos algo, y eso hicimos, aunque estando a barlovento de las islas sabíamos que era prácticamente imposible que nos encontrásemos con ellos.
Aquí estábamos nosotros, en un maravilloso barco que es casi una mansión flotante, a todo confort, 10 personas en un majestuoso velero de 25 metros … Y allí estaban ellos, si es que estaban, en un bote abierto, posiblemente de no más de diez o doce metros, hacinados, a la intemperie, sin comodidad alguna, probablemente tras tantos días en el mar sin comida ni bebida, con vientos duros y oleaje realmente impresionante para una embarcación de ese tipo. Estuvimos comentando la situación, intentando imaginarnos cómo sería estar en esa tesitura, pero creo que es imposible imaginarlo…igual que es imposible entender la desesperación que tiene que sentir una persona para emprender semejante aventura, casi siempre con final incierto y grandes posibilidades de ser detenido y repatriado. Repatriado desde un país donde sobras a uno en el que te mueres de hambre, vaya disyuntiva, ¿verdad? Yo creo que todos nosotros, cada uno a su manera, elevamos una oración rogando que aparecieran sanos y salvos y temiendo que eso no ocurra, como seguramente será el caso.
Setenta almas huyendo de la miseria, posiblemente rumbo al desastre, una miseria que está muy cerca de nosotros, mucho más de lo que creemos … tan cerca y, sin embargo, parece tan lejos.
Ocean Phoenix, en Santa Cruz de Tenerife, Jaime Darder.



Salud!!!!