26 a 28 de Noviembre, en Santa Cruz
La vida sigue, a pesar del drama que nos rodea, así que llegados a Santa Cruz y amarrados en su marina, vuelvo a tener que despedirme de amigos, a Iñaki le conozco hace años y nos une una amistad cimentada en muchas millas compartidas a bordo de su barco, el Valenela, que casi estrenamos juntos hace ya algunos veranos. Transportes entre Palma y Barcelona, y viceversa pues el velero tiene su base en el Port Olímpic de Barcelona, otras veces simplemente quedar a navegar en Mallorca, y otras nos hemos ido viendo en Barcelona o Madrid. En cuanto a Jaime, Orlando y Santiago, les he conocido hace tan solo unos días, pero el mar une mucho, y une mucho porque cuando estás ahí en medio sólo pues confiar en tus compañeros de tripulación, ellos son las únicas personas que tienes cerca y esa confianza que debes poder tener en ellos equivale a poner tu vida en sus manos … cuando sales de guardia duermes porque tu relevo está ahí para que tú estés tranquilo y el barco siga navegando sin percances, literalmente estás confiando tu vida a tus compañeros de tripulación. Así, cada hora compartida en un barco equivale a muchas horas en tierra, hasta el punto de que hay veces en que algo que ocurrió ayer por la mañana da la impresión de haber sucedido hace semanas, o meses…
Antes de que bajen del barco con sus equipajes, tomamos unas copas de despedida a bordo, y quedamos en vernos más tarde para tomar algo después de cenar. Nos vamos a cenar Juan Luis, César, Dimo, Emma y yo a la antigua Calle de la Noria (No podría deciros el nombre actual ni bajo tortura simplemente porque ni lo miré) y cenamos a base de picada de diversas especialidades canarias.
A los postres aparecen nuestros amigos junto con unos socios de Orlando y dos primas de Jaime, y nos vamos hacia el Paseo Marítimo (cuyo nombre también ignoro) y nos sentamos a tomar algo en la terraza de un local que atiende al curioso nombre de “El Hombre Bala”, más tarde nos vamos a otro sitio llamado “Cinemascopas”, pero no hay lo que podríamos calificar de “ambientazo”, ni siquiera “ambientillo”, a pesar de que el local está francamente bien, así que optamos por tomar una última copa e irnos a dormir pues mañana hay mucho que hacer.
Y así llegamos al viernes 27 de noviembre, cuya mañana dedicamos a limpiar, ordenar, hacer tareas de mantenimiento y preparar el barco para la llegada de quienes se van a incorporar a la tripulación, se trata de un grupo de tres amigos, Lluis, Óscar y Xavier; Miguel, quien a sus casi 70 años se sube al Ocean con unas ganas envidiables y; por último, José, piloto de una conocida línea aérea. Todos ellos son navegantes con experiencia y comparten el mismo sueño, un sueño que se hará realidad en este barco, cruzar el Atlántico por primera vez.
Todos tenemos nuestras historias y hemos llegado de un modo distinto hasta confluir a bordo … Juanlu sencilla y simplemente soñaba con tener este barco y luchó para hacer realidad su sueño, César es un navegante muy experimentado que se ha apuntado como co-patrón en esta travesía, Emma pasó de un velero clásico en el que compite nuestro capitán llevando la caña al Ocean Phoenix donde también está realizando su primera travesía atlántica. Luego estamos los demás, Miguel siempre soñó con hacer esto, de hecho estuvo a punto de cruzar el Atlántico hace años con el anterior barco de Juanlu, el Amazing Grace pero, por motivos que no vienen al caso, aquella travesía nunca tuvo lugar, pero ha acabado apuntándose a ésta y está cumpliendo uno de los mayores deseos de su vida. José, más o menos igual, deseaba cruzar el charco y un copiloto de su compañía le habló de Juan Luis y Ocean Phoenix, y aquí está. Lo de Lluis, Oscar y Xavier es de premio, estaban preparando una travesía con otro barco, un 43 pies, contribuyendo a su puesta a punto e incluso montando eventos para recaudar fondos para financiar su aventura (Lluis y Xavier incluso renunciaron a sus vacaciones en agosto para disponer de este tiempo, y Oscar simplemente se tomó sus vacaciones anuales para poder venir) y, de repente, el armador canceló la travesía. Un amigo les habló de Ocean Phoenix y se pusieron en contacto con Juan Luis, con quien se reunieron una noche de septiembre, a eso de las tres de la mañana, en un bar de la autopista que baja de Francia a Barcelona, cuando nuestro capitán volvía de competir en Saint Tropez con el Lady Anne (un precioso clásico de la fórmula 15 metros, de principios del SXX) y eludía por un par de horas las inundaciones que causaron tanto daño en el S. de Francia … hablaron del proyecto, y aquí están, encantados de la vida y disfrutando como locos. Y yo, pues lo mío se gestó un día que Juan Luis me dijo en septiembre que me veía muy estresado, yo acababa de quedarme sin vacaciones por una inesperada carga de trabajo en pleno mes de agosto. Yo le comenté que, en efecto, me sentía muy agotado tras tres años sin parar luchando por hacer un hueco para Nautiservice dentro del mercado de la asesoría legal y gestorías náuticas, él me propuso unirme a esta “excursión” y tardé un par de milésimas de segundo en apuntarme. Y aquí me tenéis … de reportero y más contento que unas pascuas disfrutando de mi segundo Atlántico.
El primero en llegar fue Miguel, justo después de que nosotros hubiésemos comido. Ambos teníamos ganas de caminar, y yo necesitaba comprar algunas cosas, así que nos fuimos a dar un buen paseo por Santa Cruz. Y, cosas de la vida, decidimos parar a tomar algo en un bar junto a una galería comercial. Yo necesitaba un cable para mi teléfono y vi que había un comercio de electrónica en el sótano, así que bajé mientras Miguel daba cuenta de un segundo pincho. El dueño de la tienda estaba atendiendo a un cliente, pero yo le pregunté si tenían ese tipo de cable, y justo en ese momento, el cliente me pregunta si estoy en el Ocean Phoenix … ¡¡¡era Xavier!!!, que me había reconocido por las fotos que hay en facebook, bueno, y porque yo llevaba una de las camisetas del barco … Inmediatamente me presentó a Lluis, Oscar y a Mar, que les había acompañado a Santa Cruz desde Barcelona para despedirles y desearles buena travesía, junto con Luis y Carlos, que estaban aparcando el coche. De ahí ya nos fuimos todos para el barco.
Pero no voy a cansaros más, simplemente deciros que el viernes nos fuimos de cena y a tomar unas copas con Carlos, Luis y Mar, fue una noche realmente divertida, el perfecto preludio para nuestra salida hacia el océano que sería al día siguiente, sábado 28 de noviembre, a mediodía.
Ocean Phoenix, Santa Cruz de Tenerife, Jaime Darder.



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