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Predeterminado Re: Mi Segundo Atlántico ... es oficial, me largo

1 de diciembre


Y ya estamos en diciembre, a las 00:00 empezaba mi guardia, junto con Óscar, mi compañero en estas lides … el cambio de guardia siempre es parecido, pero nunca igual. Saludas a la guardia saliente, siempre José y Xavier, quienes te informan de cómo está caminando el barco, rumbo al que se navega, estado de la mar, fuerza del viento, alguna que otra broma, te pasan las líneas de vida, que son esas cinchas que se anclan respectivamente al barco y a tu chaleco salvavidas para impedir que en caso de caída acabes en el mar. Después, durante unos minutos, ambas guardias permanecen en cubierta mientras el primer timonel de la guardia entrante se adapta a las circunstancias de navegación. El mismo ritual se repetirá al salir nosotros de guardia y recibir a la siguiente, compuesta por Lluis y Miguel.

Con el mes ha empezado un nuevo año para mí, y ha empezado como alguna vez había soñado, en alta mar, a bordo de un barco cruzando el océano a vela. Y digo a vela porque durante la guardia anterior Ocean Phoenix había vuelto a propulsarse únicamente mediante el impulso del viento. Estamos navegando a unos 6 nudos, con puntas ocasionales de siete, parece que vamos parados pero muchos barcos ven estas cifras como altas, y más aún cuando durante la guardia el viento va arreciando muy suavemente y con él nuestra velocidad aumenta alrededor de un nudo. César aprovecha la relativa calma para filetear y marinar al frustrado cazador de boquerones.

Al cabo de un ratito, pues eso es lo que ha parecido, comparecen Lluis y Miguel y me doy cuenta de que ya son las dos … guau!! Tengo cuatro horas de descanso por delante y voy a aprovecharlas. Mientras duermo, noto de algún modo que el barco va acelerando, es algo impresionante estar en un camarote con todo tipo de comodidades, desde aire acondicionado a equipo de música individual y baño en suite con ducha separada y, al mismo tiempo, notar como a unos centímetros de ti el agua pasa rauda a lo largo del casco mientras sisea suavemente y te indica que aumenta la velocidad a la que navegas y al tiempo te arrulla. Además, este barco no te maltrata con movimientos bruscos, su ligereza le permite prácticamente “volar” sobre las aguas y se mueve casi con delicadeza. Así, rodeado de este sonido y envuelto en una confortable oscuridad duermes y descansas, confiando tu seguridad a la habilidad de tus compañeros de tripulación, mientras navegas a velocidades de diez o más nudos.

Hoy nos toca una guardia que me encanta, la que yo llamo “de alba”, de seis a ocho, y me encanta porque un amanecer en el mar es un espectáculo de tal belleza que sólo puede ser superado por otro, me gusta incluso más que las puestas de sol. Subo a cubierta, y confirmo lo que ya me había indicado Ocean Phoenix mientras yo dormía, es decir, “Ocean Phoenix” vuelve a ser “Ocean Rocket”, estamos navegando a 10 nudos y marcando puntas alrededor de trece, y así seguiremos durante todo el día, pero no adelantemos acontecimientos.

Hoy tengo la sensación de que existe una conjura universal para que el 1 de diciembre de 2015 sea un día inolvidable y grabado a fuego en mi memoria para siempre. Por si lo que os he contado hasta ahora no fuera suficiente, y durante mi tiempo a la rueda en la guardia de alba, ese rato en el que la oscuridad se convierte en penumbra y las estrellas se acuestan antes de la salida del sol, cuando empiezas a intuir, y luego a ver, mientras nos deslizamos a unos respetables diez nudos sobre una mar casi plana, oigo un ruido de chapoteo, luego otro … De repente, además de oír, veo un revelador círculo de espuma, y luego otro, y otro … en la penumbra distingo una sombra saltando, y más, y más, las sombras se convierten en siluetas, son delfines, preciosos delfines listados que juegan con Ocean Phoenix hasta poco antes de la salida del sol.

Hay otra cosa que hace que la guardia de alba sea muy codiciada, acaba a las ocho, es la hora en la que se sirve el desayuno … té o café, lo que quieras, leche cereales, yogur, queso, jamón, mermeladas, tostadas, en fin, justo lo que te apetece después de dos horas de guardia sobre Ocean Phoenix.

Tras el desayuno me voy a dormir un rato, regreso a cubierta un par de horas más tarde, navegamos a once o doce nudos y, de repente, una picada en la caña de estribor, hay que recoger la caña de babor y parar el barco. Así que enrollamos génova, se caza la mayor para deshincharla y hay que enrollar también la trinqueta, pero una de sus escotas está siendo utilizada como retenida para evitar que trasluche de forma incontrolada, hay que ir a liberarla. Así que me voy a proa en una de esas maniobras que harían temblar a nuestras madres si nos vieran (menos mal que están lejos y no pueden vernos), tengo problemas para liberar la escota porque una parte del cabo ha quedado pinzada con la otra, al final conseguimos resolver el problema mediante la colaboración del timonel (Juan Luis está en la bañera de maniobra dirigiendo todo mientras César se ocupa de la caña) y empezamos a enrollar la vela. Yo estoy un poco lento y no consigo evitar una escota que, impulsada por las sacudidas de la vela, me alcanza y lanza sobre cubierta. Resultado, nada grave, algunas contusiones en el pie derecho, brazo izquierdo, costillas y me retuerzo un poco la pierna derecha, lo que me ha dejado un poco maltrecha la musculatura sobre la rodilla, aunque no duele mucho por el momento.


A todo esto, el animalito lucha como un loco teniendo en cuenta que sólo es una llampuga que una vez a bordo nos muestra que no pesa más de dos kilos y medio. Chiquita pero matona, porque a pesar de que no ha evitado su final, sí ha puesto final a la vida de la caña pues la ha partido.

Tras este episodio, me voy a descansar, hasta las dos en que vuelvo a entrar de guardia, me quedo frito, dormido como un bebé arrullado por el siseo del agua contra el casco. Me he despertado a eso de la una y media y he aprovechado para ducharme y luego salir a cubierta, este es otro lujo que raramente está disponible en travesías de altura salvo que cuentes con potabilizadoras potentes, aquí tenemos dos, una que funciona a 24 voltios y produce 100 litros de agua por hora, y otra que se utiliza con el motor en marcha o conectado a puerto con 220 voltios y que da 150 litros, así que disponemos de suficiente agua para beber, cocinar, fregar y ducharnos nueve personas todos los días si así lo deseamos.

A eso de las dos menos diez ha subido la comida a cubierta, todo un festín compuesto por llampuga frita con pimientos, dorado marinado, pulpo a la gallega y una gigantesca ensalada. Aquí se come como en el Ritz, amigos, y encima navegando, es algo increíble.

Al final de la comida, brindis y mis compañeros de tripulación me han felicitado y cantado el “cumpleaños feliz” … y después he empezado la guardia fumándome un estupendo puro canario mientras Óscar hacía el primer turno a la rueda en una guardia que, al ser de día, es de tres horas.

A una media hora del final de la guardia he bajado un momento a la cabina y la muscultura retorcida en la aventura proel de la mañana me ha dado un tremendo pinchazo. He vuelto a cubierta, le he pedido a Juanlu una rodillera y Lluis me ha traído un nolotil inyectable que me he bebido en un par de tragos mientras hacía mi último turno a la rueda. Sabe tan mal que seguro que cura, pero me he quitado el mal sabor de boca con un caramelo de eucalipto y, al acabar la guardia, me he puesto la rodillera de neopreno y aquí estoy, escribiendo en el salón de Ocean Phoenix mientras escucho música y veo pasar el mar a toda pastilla por los portillos.

Además, llega un delicioso olor desde la cocina, donde Emma me ha prohibido entrar hasta nueva orden … lo que me hace sospechar que este día todavía guarda alguna sorpresa.

A todo esto, son las seis y media de la tarde y ya sólo nos separan 195 millas, es decir, que en estas 18 horas y media desde que cerré la crónica de ayer, hemos recorrido 165 millas, a una media de casi 9 Kn, lo cual es impresionante si tenemos en cuenta que en las primeras 4 horas no pasábamos de 7 nudos con alguna punta de ocho, y no hemos empezado a correr de verdad hasta mediada la tercera guardia. Pero lo que impresiona es pensar que en tan solo tres días y seis horas ya hemos recorrido 655 millas náuticas, lo que equivale a 1213’03 Kilómetros (si no me fallan la calculadora y la memoria), a una media de 15’452 Km/h, es decir, 8’4 nudos a pesar del destrozo que nos hizo la encalmada de ayer.

Ahora me voy a estirar la pierna y descansar un rato, seguramente cuando vuelva con vosotros os contaré que ya estamos amarrados en Cabo Verde, y eso debería de ser hacia la hora de comer de mañana.

Ocean Phoenix, en alta mar, Jaime Darder.

Selud!!!
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