Ver mensaje
  #114  
Antiguo 25-12-2015, 07:27
Avatar de Jadarvi
Jadarvi Jadarvi esta desconectado
Expulsado
 
Registrado: 25-11-2008
Localización: Baleares y alrededores... pero en realidad por donde puedo.
Edad: 58
Mensajes: 8,752
Agradecimientos que ha otorgado: 3,052
Recibió 5,563 Agradecimientos en 1,700 Mensajes
Sexo:
Predeterminado Re: Mi Segundo Atlántico ... es oficial, me largo

4 a 8 de diciembre – Comienza el gran salto.

Llevamos cuatro días navegando, ahora son las 3 de la tarde y 820 millas separan nuestra popa de Mindelo, mientras que nuestro destino, la isla de Santa Lucía está todavía a unas 1.300 millas de distancia. Llevamos una media aproximada de 200 millas diarias, a una velocidad de 8’5 nudos, si bien esto es una mera estadística que nada tiene que ver con la realidad.

La realidad es que salimos de puerto con buen viento, a toda pastilla, pero a unas 30 millas quedamos atrapados en una calma provocada por la isla de Santo Antao y nos quedamos flotando como un corcho, por lo que hubo que seguir unas cuantas horas a motor. Lo que ocurre en estos casos es que el viento, al chocar con una isla, se bifurca en dos flujos paralelos a cada una de sus costas y, al igual que con el ala de un avión, o cuando pones una piedra en una corriente de agua, esos flujos, al encontrarse nuevamente una vez superado el obstáculo, crean turbulencias y una especie de remanso en el que no ocurre nada, pues justo ahí nos quedamos parados nosotros.

Así que impulsados por lo que mi buen amigo Toni llama “viento de sentina”, continuamos navegando hasta que nuevamente encontramos viento del de verdad, no muy fuerte, pero sí suficiente para navegar entre siete y ocho nudos. A esta sensación de lentitud, pues ya sabemos cómo las gasta este barco a la hora de correr, se unía una tremenda falta de visibilidad provocado por el polvo en suspensión que el viento traía de la lejana costa africana, una nube que no nos soltó hasta anteanoche en que empezamos a ver las estrellas por fin, y que se tradujo en un precioso día claro y soleado ayer lunes.

El navegar durante dos días y sus noches sin visibilidad más allá de media milla me causó una sensación de irrealidad, como si no estuviese aquí, la sensación se parecía mucho a lo que describen los que hablan de viajes astrales, es como flotar suspendido en el tiempo y el espacio … y eres consciente de que avanzas por ellos gracias a los relojes y los indicadores de velocidad que te dicen que estás en movimiento, y tú te lo crees, porque la alternativa no es aceptable.

Como es normal en travesías largas, el material se desgasta, a veces alguien se despista un poco a pesar de las advertencias constantes, y ello se tradujo el domingo en dos pequeños incidentes. El primero de ellos fue la rotura de una polea durante una trasluchada, que no fue a mayores gracias a la pericia de Juanlu que controló rápidamente la situación.

Una horas después José, en un despiste, recibió un golpe en la cabeza y se hizo un pequeño pero escandaloso corte. Inmediatamente, nuestro equipo médico, compuesto por Lluis, Xavier y Oscar (empleados de una conocida firma farmacéutica y que trajeron a bordo un botiquín como para un acorazado), procedió a ponerle unas tiritas de sutura, desinfectar la herida y ponerle un vendaje propio de Rambo al final de una de sus pelis. Y Óscar no pudo resistir la tentación de escribir una palabra sobre la parte frontal del vendaje … ¡¡¡PIRATÓN!!!!

Casi teníamos la sensación de que un tal Murphy (ese tipo que siempre se embarca sin que lo inviten) estaba haciendo horas extra, nos cargamos una polea, José se hace pupa, no veíamos ni un barco, de hecho no veíamos un pimiento, navegábamos lento, no pescábamos nada … en fin, uno empezaba a preguntarse si se había acabado el mundo y no nos habían avisado.

En mi caso, para acabar de arreglarlo, comprobé que lo barato siempre sale caro, me refiero a que, como soy un gran destructor de gafas en los barcos, en Tenerife compré una de esas tiras que sirven para sujetar las susodichas. Pero claro, era barato, demasiado barato me pareció pero lo compré igual por aquello de las prisas. Pues tan barato era que anteanoche se soltó mientras estaba de guardia, las gafas fueron al suelo y yo, patoso sin igual, al girarme para coger una linterna y buscarlas, las pisé con el resultado de que rompí una patilla ... Menos mal que Miguel me convenció de que comprase también en Tenerife unas gafas de esas pregraduadas o como se diga (también salieron muy baratas, espero que me duren hasta Palma), y ello me permite seguir escribiendo estas crónicas. Una crónicas que, aunque acabarán en la página de Ocean Phoenix y en La Taberna del Puerto, son en realidad para mí y mis compañeros de tripulación, algo que nos recuerde lo que vivimos cuando alguien nos pregunte cómo fue esta travesía y necesitemos rememorar lo ocurrido en todos sus detalles, aunque nunca podré reflejar todo lo que pasamos, sentimos, vivimos, soñamos e incluso sufrimos de vez en cuando.

Murphy, sin embargo, es un tipo que puede ser derrotado, y lo ha sido por nosotros. Los pequeños sustos del domingo nos han provocado una nueva determinación y ganas de seguir pasándolo bien pase lo que pase, y también una mayor atención a los detalles, desde entonces todo nos sale perfecto, y eso que hemos trasluchado, pasado de navegación al través a orejas de burro, izado y arriado el gennaker, tomado rizos, arriado e izado la mayor, etc … Ayer, lunes, fue cuando empezamos a dedicarnos a pegarle al tal Murphy una contundente patada en el trasero y lanzarlo por la borda, a una noche que fue despejándose le siguió un precioso día claro y azul en el que navegamos con piloto automático casi todo el tiempo porque había muy poco viento y nos abrasábamos en la bañera de maniobra, desprotegida frente al sol, aunque muy cómoda para timonear y maniobrar. El día se aprovechó para limpiar, hacer tareas de mantenimiento, charlar, etc … hasta casi el anochecer en que volvió el viento que nos gusta, ese que hace que el barco ande a 10 nudos y que provocó un espontáneo “Oh, sí … Cariño!!!” de Juan Luis cuando su barco, nuestra casa flotante, Ocean Phoenix, dio un salto adelante acelerando como él sabe.

Durante la tarde de ayer, cuando íbamos a lo que por aquí se considera despacio (7 nudos y medio) dimos alcance a un barco francés, el Archibald 2, un velero de aluminio en el que viajan cuatro miembros de la misma familia, un matrimonio, el hermano del marido y el padre de ambos … César se puso en contacto por radio con ellos, intercambiamos información sobre nuestros destinos (ellos van a Le Marin, Martinica, el puerto desde el que partí yo en 2012 cuando traje a Regulus C de vuelta a España en la que fue mi primera travesía Atlántica), puertos y fechas de salida, etc … Luego ellos nos preguntaron a ver si teníamos noticia de la tripulación del Magrit, un ketch que salió de Mindelo el pasado miércoles y se había hundido el sábado, aunque afortunadamente sus ocupantes fueron rescatados por un mercante y navegaban ahora con destino a Europa.

Curiosamente, el Magrit, que participaba en la regata ARC 2015, estaba repostando en Mindelo a nuestra llegada y un miembro de su tripulación nos comentó que habían decidido parar en este puerto para reparar la trapa de la botavara del palo mayor, que se había roto y, de paso, recargar sus depósitos de agua y combustible. Es lógico que la noticia nos impactase … de hecho, esta mañana, mientras yo estaba a la rueda, he visto a Lluis apoyado en la burda de estribor (ahora es nuestro barlovento) y muy pensativo. Cuando ha visto que le miraba, me ha comentado que no podía dejar de pensar en esa familia que había perdido su barco, su ilusionante aventura convertida en drama, aunque con el consuelo de haber salvado la vida. Yo, para ser sinceros, le he dedicado un breve pensamiento al asunto, pero no mucho, puesto que estaba centrado en una importante misión … Se trataba de mantener el barco lo más plano posible puesto que en la cocina Emma y César estaban ocupados en otro trabajo no menos importante, que os desvelaré tras deciros que durante esta pasada noche hemos adelantado a otro velero y nos hemos cruzado con un carguero, lo que confirma que el mundo parece no haberse terminado sin que nos avisasen.

Pero volvamos a lo que seguro os estáis preguntando … ¿por qué tenía que ir el barco plano y qué estaban haciendo nuestros marmitones? Pues veréis, resulta que esta mañana me ha despertado un bocinazo, a eso de las 8:38 (es la hora exacta porque cuando te despiertan a bocinazos en mitad de la nada sueles mirar el reloj, os lo garantizo), así que he mirado por la escotilla y he visto que tanto el génova como la trinqueta estaban enrollados, he pensado que podíamos estar saludando a un barco cercano o algo así … me he vestido y he salido a cubierta … Y me he encontrado a Juan Luis sonriendo como un chiquillo, Emma con cara de asombro, Xavier de espaldas a mí y en una posición en la que parecía estar sujetando algo o alguien, y José haciendo algo en la caña de pescar de babor. Y entonces he visto lo que pasaba, porque César y Juan Luis han levantado un bicharraco enorme, de más de un metro y posiblemente entre 15 y 20 kilos de peso que acababa de ser invitado a la cubierta de Ocean Phoenix, para acabar como el anterior cazador de boquerones, es decir, despiezado … ya sabéis aquello de que la fortuna de unos es la desgracia de otros, pues eso … El bicho era idéntico a uno que sacamos en la travesía del Régulus C, sólo que más grande, uno que entonces descubrimos que en inglés se llama “hogfish” y cuya denominación en nuestro idioma yo desconocía entonces, pero no ahora, pues César en ha dicho que en Canarias se les llama “petos”. Su cola es casi como la de un atún, su cuerpo muy parecido, pero algo más alargado, y su cabeza es como un híbrido entre atún y barracuda, su carne blanca, sabrosa y suculenta … y es precioso.

Así que hemos puesto el barco de nuevo a navegar, y yo he podido darme una ducha y desayunar … y a eso de las nueve y media, ya duchado y desayunado, he abierto el ordenador para empezar a escribir, pero ese ha sido el momento elegido por otro cazador de boquerones para hacerse el hara kiri, yo he ayudado en la maniobra de parar el barco, mientras César se encargaba de recoger el sedal y Miguel de asestarle un garfiazo al bichito para subirlo al barco. De paso, y ya que estábamos, Juan Luis ha tenido la feliz idea de hacerle un rizo a la mayor, y digo feliz porque ha sido un acierto ya que al tener más viento que en días anteriores, la reducción de superficie vélica de la mayor ha dejado el barco mucho más equilibrado y fácil de patronear.

Dado que el nuevo invitado pesaba sus buenos cinco kilos, se ha decidido suspender la pesca por hoy, pues con unos veinte o veinticinco kilos de pescado por procesar en la cocina, tampoco era cuestión de estresar a los encargados de tal labor, Emma y César. Ahora ya sabéis por qué yo tenía la sagrada misión de conducir el barco lo más plano posible … aunque me haya tomado mi tiempo para contároslo.

Y así, mientras navegamos suavemente entre ocho y nueve nudos, con alguna punta de diez, y escuchamos una estupenda música ambiental, os dejo, no sin antes deciros que en esta horita y media que he necesitado para relataros estos días de travesía nos hemos acercado casi quince millas más a nuestro destino.

Ocean Phoenix, en alta mar, Jaime Darder.

salud!!!
Citar y responder
4 Cofrades agradecieron a Jadarvi este mensaje:
Amankila (28-12-2015), jduran22 (27-12-2015), losdelnara (26-12-2015), nautic (27-12-2015)