15 de diciembre: Arribada “pirata”
Como dije días atrás, todo llega, y el final de la gran travesía también, tras trasluchar nos quedamos a rumbo directo hacia nuestro waypoint, más o menos a una milla de distancia del punto más septentrional de Santa Lucía. Casi al mismo tiempo empezamos a ver luces de tierra, poblaciones, el aeropuerto del N que es para vuelos regionales, etc … es decir, lo primero que ves cuando te aproximas a la costa de noche, luces y, poco a poco, a medida que te acercas, empiezas a distinguir los contornos de montañas, cabos y otros accidentes geográficos. A bordo la emoción es patente, todos estamos en cubierta, contemplando todos esos signos que nos dicen que hemos llegado, hemos cruzado el Atlántico y nuestro sueño se ha cumplido.
Llegamos al waypoint, estamos a unas millas, no muchas, de Marigot Bay, pero tenemos ganas de pisar tierra cuanto antes … así que se decide entrar en Rodney Bay para estirar las piernas … La entrada merece un comentario en sí misma, te aproximas por una ancha bahía en la que hay barcos fondeados a ambos lados de lo que la carta muestra como un canal de acceso hacia el puerto deportivo … Y llegamos a la bocana, una bocana que no es lo que estamos acostumbrados a ver, no … en absoluto.
Lo primero que ves es un canal de no más de 30 metros de ancho, y el derrotero te advierte de que no te acerques a las orillas, no sólo porque no hay calado, sino porque en el margen izquierdo visto desde el mar están atracadas con sus correspondientes muertos una treintena larga de embarcaciones de pesca que ocupan con creces casi la mitad de la anchura del canal. El paso navegable está marcado con unas estacas sobre las cuales brillan luces verdes y rojas, al estar donde estamos, se utiliza el sistema de marcación americano, por lo que las luces están al revés de como acostumbramos a verlas, es decir, la roja te queda a estribor y la verde a babor cuando entras a puerto, y al revés cuando sales.
El paso es realmente estrecho, no mide más de quince metros, es decir, que si tuviésemos que dar la vuelta no podríamos hacerlo ni ciabogando porque nos sobrarían diez metros de barco. Entramos despacio, observando cada detalle y también muy pendientes de la situación de las estacas … por fin, el paso se abre a una ancha rada interior en la que vemos buena cantidad de pantalanes. Tras ver que muchos de ellos están llenos, los pasos son estrechos y el calado va bajando, optamos por amarrarnos a un pantalán en el que se ven veleros y motoras que oscilan entre los 20 y los 45 metros de eslora, unos cuantos de ellos vienen de la famosa regata ARC (Atlántic Rally Crossing). Quedamos amarrados popa al muelle pero con un largo “finger” al costado de babor que es un pantalán en si mismo, pues es una estructura de hormigón de unos tres metros de ancho. Es la primera vez desde que el barco salió de Palma que atraca en un pantalán que queda a su altura y no es preciso hacer acrobacias para subir y bajar de Ocean Phoenix.
Al otro lado del finger se encuentra atracado un barco sueco que ha participado en la ARC, y hablamos con su armador que está en la bañera tomando la fresca. Es alrededor de medianoche hora local .. y Juanlu aparece con copas y dos botellas de cava que pone sobre el muelle … Abre la primera… y roción de espuma para la tripu al más puro estilo de la Fórmula Uno o Moto GP … Invitamos al vecino a tomar una copa con nosotros y nos hacemos las fotos de rigor.
Nos vamos a dar un paseo con la intención de ir a tomar una cervecita por ahí, pero nos encontramos con que los bares del puerto deportivo y alrededores están cerrados. Un taxista nos ofrece llevarnos a Castries, capital de Santa Lucía, que está a un par de minutos en coche … pero en este momento somos inmigrantes ilegales en esta isla y podríamos tener un serio problema, además de que nuestra intención es largarnos a la francesa al amanecer. Así que optamos por volver al barco y tomar algo a bordo, entonces aparece una maravillosa botella de ron Zacapa que Jose había traído para un momento especial … y ¿qué mejor momento que este? Nos sentamos todos en la bañera y nos quedamos tomando algo y conversando hasta casi las tres de la mañana hora local, que resulta ser una hora menos que la que llevábamos en el reloj de bitácora del barco, que ya iba con cuatro horas de retraso con respecto a España.
Me despierto a eso de las siete de la mañana y el barco ya está en marcha, hemos salido de Rodney Bay al más puro estilo “pirata”, es decir, sin decir hola ni adiós y sin que el personal de la marina se haya dado ni cuenta de nuestra llegada … ni de nuestra partida, claro.
En aproximadamente una hora llegamos a Marigot Bay, donde tenemos amarre reservado, y tras completar las maniobras de atraque, tenemos tiempo de admirar el sitio … es precioso, simplemente precioso, una postal del Caribe como te lo imaginas: barcos fondeados, otros amarrados, manglares, una playa con sus cocoteros, una marina estupenda, personal agradable …. Y precios carísimos, lo que descubrimos cuando tras tomarnos unas cuantas rondas de cervezas en la terraza del bar de la marina nos las cobran nada menos que a cinco euros cada una … ahora nos explicamos por qué había tan poca gente en la terraza a pesar de ser un sitio extremadamente agradable. Pero bueno, no pasa nada, estamos aquí y se trata de pasarlo lo mejor posible, así que nos vamos a comer a un sitio que está junto a la marina, pero no forma parte de ella en sentido estricto. Aquí el zapatazo será de unos 50 euros por persona, no es un exceso inasumible, pero es caro teniendo en cuenta que hemos bebido cervezas y nos hemos tomado un plato cada uno y algunos postres compartidos, aunque lo hemos pasado realmente bien.
La tarde pasa entre explorar la marina, coger la auxiliar e irnos a la playa de enfrente a tomar algo y darnos un baño, etc … Aquí los precios son más normales, una cerveza sale a unos dos euros, lo que es prácticamente lo que pagaríamos en un chiringuito en España. Esta playa está junto a un resort y tiene un sitio para celebrar bodas como esas que vemos en las pelis americanas … y tuvimos la suerte de poder ver una boda en directo, muy sencilla, sólo los novios y los padrinos, y el encargado de casarlos … una ceremonia sencilla y emotiva, y ya estaban casados, nosotros les aplaudimos y les deseamos lo mejor.
Volvemos al barco, nos duchamos y a cenar a un sitio que nos han recomendado y donde nos han dicho que podemos disfrutar de la comida local a precios contenidos … pero aunque la comida es muy buena y ciertamente es cocina criolla, los precios no son precisamente contenidos, acaba costándonos la torta un pan, pero es que si estás aquí, estás aquí … yo creo que esta gente tiene dos juegos de menús, uno con precios para locales y otro para los “guiris de los barcos”, pero fue una buena cena, y ya sé que si vuelvo algún día a esta preciosa isla, no cenaré en este restaurante pues después hemos descubierto locales con precios mucho más lógicos.
Regresamos a puerto, un último trago y un poco de conversación y a dormir … mañana nos vamos de excursión y acompañamos a Miguel al aeropuerto …
Así que, mañana más.
Ocean Phoenix, en Marigot Bay, Santa Lucía, Jaime Darder



Salud!!