Aquí en mis tiempos mozos conocí los últimos txoqueros profesionales que se dedicaban exclusivamente a pescarlos para venderlos a los merluceros que los usaban de carnada cortados en tiras del tamaño de 1 cigarrillo.
Cada uno de los txoqueros tenía un vivero fondeado en la dársena exterior que consistía en un gran cajón de madera normalmente cúbico que podía medir 2 Mt de arista y estaba acribillado de orificios del grosor de 1 dedo. En la cara superior tenía una escotilla y en la periferia de la parte superior flotadores para que la cara superior estuviera un poco elevada respecto del nivel del mar.
Antes de estrenar un vivero de éstos se pintaba con abundante pintura bituminosa que parecía brea (aquí le llamábamos Black) para que durara lo máximo posible sin pudrirse.
Cuando se iban todos los barcos a bonito se sacaban del agua y se ponían al Sol para rascar todas las incrustaciones adheridas y para que secaran. Una vez secos se pintaban de nuevo y al agua patos hasta el año siguiente.
Las jibias o txokos duraban mucho en un vivero de estos pero claro está, eran grandes.
