A ver... A ver... ¡ me confieso !
Cuando iba a esquiar, decía que aplicaba el teorema de la canica ( sí, esa bola de cristal con la que jugábamos de chavales ). Era muy simple. Si dejas una canica en un pista y rueda, es que es peligrosa ( sí, ya vale, que por el efecto de la nieve, salvo que sea una placa de hielo, no va a rodar nunca. Valeeee... A ver, entended la idea de lo que cuento en tono de broma... )
Pues con el mar igual. Mi barco será de categoría ultra-hiper-mega-transoceánica, que yo sigo siendo ultra-hiper-mega-cagueta. Y me da igual la categoría de mi barco y para qué lo tengo legalizado, que según cómo ni me muevo del puerto.
¿ Que a dónde quiero llegar ? Pues que, al final, debemos ser nosotros mismos quienes, valorando nuestros límites, capacidades, etc. y siempre, siempre.... sieeeeemmmmprrrreeeeeeeeeeeeeee respaldados por un buen seguro y, es obvio, preparación, información, prudencia, prudencia, prudencia, salgamos a navegar.
Nadie mejor que nosotros nos quiere más. Así que somos ( o deberíamos serlo ) los primeros interesados en nuestra propia seguridad. Y si yo veo un viento que no me parece cómodo, pues no salgo. Y si yo veo una mar en la que no me siento cómodo, pues no salgo. Así de simple.
Y las certificaciones, homologaciones, reglamentaciones ... pues a pasarlas por allí.
Pero claro, Yupi también existe ... No aprenderé.
Brindo por los responsables.


Agustín