Hace años, vi un barco en el pantano de San Juan, que por un temporal, tenía arrancadas las dos cornamusas de proa. Las amarras y el nudo a la cornamusa habían aguantado mientras estaba amarrado al pantalán pero por increible que parezca, lo que no aguantó es el propio casco.
En la zona donde estaban las cornamusas presentaba dos agujeros en el casco de aproximadamente un palmo de diámetro.
La fuerza del viento es impresionante y en los pantanos se puede acelerar mucho por encañonarse entre las montañas colindantes.