A mí siempre me ha encantado recorrer los puertos paseando y mirar los barcos, todos los barcos.
Siempre aprendes algo y siempre ves algo curioso que te puede servir en el futuro.
Comprendo (por que también lo he sufrido) que haya quién no quiera que la gente pasee por los pantalanes en prevención de disgustos.
Como ya se ha dicho, el problema es saber dónde está el límite.
El año pasado había un fotógrafo con unas modelos en mi pantalán haciéndose unas fotos con mi barco de fondo. Es un pantalán privado con puertas en las que se indica claramente que el acceso es sólo para usuarios.
Yo estaba descargando la compra del super y llevaba un paquete de 6 botellas de agua de litro y medio en cada mano.
Pasé por su lado, dije buenas tardes y dejé las botellas al lado de mi arcón para ir al coche a buscar más.
El fotógrafo, en voz alta y con cara de cabreo, no sólo no respondió al saludo, sino que dijo: un momento, chicas, ahora seguimos cuando se vaya el de Lanjarón.
Me di la vuelta, subí al barco y llamé por radio a capitanía pidiendo, en voz alta y clara, muy clara, que les expulsaran del puerto, cosa que hicieron inmediatamente.
Dónde está el límite? en la educación y el respeto.
