Re: Sin palabras. . . .
Lo único que diferencia a un fanático de un ciego es que éste es consciente de que no ve la realidad que le rodea, y aquel no lo es.
Las sociedades que hemos padecido el fanatismo durante demasiados años, sabemos cuánto dolor pueden provocar esos individuos, y que tendrán que pasar varias generaciones para que podamos superar sus secuelas.
La clave está en intentar evitar que esas personas decidan actuar como lo hacen. Algo nada fácil entre quienes son cada vez más gregarios, con menos personalidad.
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