

Salida “Solo hombres” a Soller desde Tarragona. Tres ingenieros a bordo (bueno mejor dicho, licenciados en alguna ingeniería). A unas 6 millas de Tarragona, se enciende la luz de la batería y empieza a pitar la alarma. Apagamos, encendemos y nada, rojo y pitando. Abren motor y que si el alternador, que si los cables, que si nada. Llamo por telf. A mi mecánico y quedo con él en el puerto en una hora.
Cuando llego, mira todo y me dice que no hay solución que todo es culpa del alternador. Viaje anulado. Venga pues, nos repartimos toda la bebida y comida que habíamos cargado y a casa. La juerga será otro día.
En una semana me reparan el alternador y sorpresa, la luz encendida otra vez. Mando a freir…… a mi mecánico y traigo a un chico conocido de profesión electrónico que nunca se había montado en un barco.
Mira motor y el alternador y me dice que todo está bien. Salimos a la bañera, coge un destornillador y empieza a aflojar los tornillos del panel de control (donde están las luces, el contacto, revoluciones, etc…), y mientras estaba aflojando empezó a apagarse la dichosa luz roja. Y el chaval me dice “Tienes un cepillo de dientes”. Voy abajo y le subo el mío. Sacó los conectores, les pasó el cepillo a todos (sin pasta de dientes, eh), volvió a conectar y ya lleva un año funcionando.
Moraleja: en la caja de herramientas, siempre un cepillo de dientes.