Discusión: Travesías Punta Europa
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Antiguo 13-08-2016, 19:22
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Predeterminado Punta Europa

Salimos del puerto de Estepona al filo del mediodía. El mar como un plato, sin ni siquiera rizos en la superficie. Navegábamos a motor, sin ninguna opción a izar velas. Algunos grupos de delfines comunes nos acompañaron parte de la travesía hasta que se aburrían o se hartaban de nosotros y se alejaban. Pudimos observar a placer la actividad de las pardelas cenicientas y las baleares, éstas más pequeñas, que pasaban una y otra vez cerca del barco mostrándonos su pericia en vuelo rasante, casi rozando la superficie del agua. Un pesquero con el que nos cruzamos iba dejando su reguero de muerte librándose del descarte de pesca haciendo que la concentración de aves marinas fuese espectacular por el número de ejemplares que allí se dieron cita. La rueda de la vida: la muerte de unos es la vida de otros.
Llegando a la vertical del puerto de Sotogrande se levantó una ligera brisa del sudoeste que nos animó a izar velas, pero duró muy poco y tuvimos que arriarlas enseguida. Continuamos a motor y llegando a la altura de La Línea se alza un fuerte viento y al poco tenemos un mar formado con olas respetables pero asequibles y sin peligro aparente para el velero que, aunque veterano y de pequeña eslora, ya ha demostrado con creces sus dotes marineras. Decidimos sortear el cabo de Punta Europa a motor.
Desde la cara Este del Peñón de Gibraltar no parecía, en absoluto que el inicio del Estrecho estuviese en malas condiciones para sortearlo. Además todos los partes meteorológicos predecían como máximo vientos de 10 a 12 nudos, fácilmente asumibles por velero y tripulación. Confiamos en los meteorólogos. Craso error.
Prácticamente todos los cabos forman un hilero donde el encuentro de corrientes, mareas, flujos, reflujos y olas, tanto de viento como del mar de levas originan un mar revuelto de un tanto difícil tránsito. En nuestra zona tiene especial fama la Aceitera en Trafalgar, pero no hay que desdeñar Punta Almina en Ceuta y, por supuesto Punta Europa. Contábamos con eso pero no esperábamos lo que íbamos a encontrar.
Justo doblar la esquina del faro y sin previo aviso se desató algo parecido a un infierno. Vientos del Sudoeste de fuerza 8 /9 nos abatían hacia el acantilado sin que el motor pudiese hacer poco más que levemente separarnos de la costa. Afortunadamente siempre suelo dar un buen resguardo a la costa de una media milla lo que nos ofrecía algo de maniobrabilidad. Tremendas olas de periodo muy corto nos llegaban del través haciendo bambolear al velero de babor a estribor llegando a tener, por momentos, los winches de la escota de la génova bajo el agua. Las rompientes de algunas de ellas nos bañaban al chocar contra el costado del barco, llegando a embarcar en el interior algunas de ellas. Inmediatamente, con la poca arrancada que tenía intenté tomar las olas por la amura de babor, pero con escasa fortuna porque, justo en la mitad del cruce del cabo al motor le da por fallar y se para, dejando el barco a la deriva y a merced del viento y las amenazadoras olas. Mi mujer, se agarra como puede a lo primero que encuentra firme, candeleros, winches, jarcia, pero, y esto es muy importante, sin dar muestras de pánico que es lo peor que puede ocurrir en semejantes circunstancias. Después me conto que le dolían las manos de la fuerza con la que se aferró. La única solución posible era sacar algunas vueltas de la vela de proa y conseguir un poco de arrancada que nos separara de la costa. Afortunadamente, entre pantocazos y bamboleos, el velerito iba respondiendo y, empapados, nosotros y el barco, lentamente y tras un tiempo que se nos antojó interminable, logramos entrar en la Bahía de Algeciras. Aún dentro de la Bahía, las olas, pero ya con menor peligro, no dejaron de zarandearnos prácticamente hasta entrar en nuestro puerto base,
Cuando finalmente amarramos el barco, una vez superado el trance, mi mujer y yo nos miramos, nos abrazamos y nos sentimos, en plena descarga de adrenalina, plenamente satisfechos por el comportamiento del velero y por habido sabido superar tan tremendas circunstancias adversas. Me acorde de uno de los artículos de Pérez Reverte que terminaba diciendo con orgullo mal disimulado: ¡Somos marinos!
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