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Hermano de la costa
 
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Predeterminado Re: El BAHIA LAS ISLAS en su vuelta por el mundo

Habíamos alcanzado las Baleares no sin cierta frustración por tantas horas de navegación a motor. Una vez en las Pitiusas pensábamos pasar unos días disfrutando de sus cálidas aguas pero un cambio en la meteo aconsejaba no demorarnos demasiado para cruzar a Cerdeña si no queríamos encontrarnos con vientos de levante, al menos haríamos noche en Formentera, en el bello y atestado fondeadero de Illetes, junto al puerto de La Sabina, pero para nuestro disgusto casi no había hueco entre tanta embarcación, donde la música un poco salida de tono de alguna de ellas, molestaba bastante, en ese paraje otrora encantador, así que aunque las condiciones no eran lo más favorable que quisiéramos para saltar a Mallorca, decidimos navegar de noche y salimos después de cenar.

Las primeras millas de lujo, un vientecillo de fuerza 3 del este que a un descuartelar nos permitía hacer camino hacia nuestro destino fijado en Colonia San Jordi, pero en las primeras horas de la madrugada el viento fue debilitándose hasta quedar en una ventolina, teniendo que continuar a motor.
Mañana radiante y calurosa en Colonia, el fondeadero bastante más despejado de lo que cabía esperar, se notaba que aún quedaban un par de semanas para el mes de Agosto. Pasamos el día entre baños y paseos por el pueblo, avituallamos algunas cosas que faltaban y al día siguiente por la mañana, con pan fresco y una ensaimada a bordo pusimos proa a Cerdeña.

La meteo por fin sería propicia para navegar a vela, aunque sabíamos que no iba a ser una travesía cómoda, en el golfo de León estaba soplando una tramontana considerable y aunque nuestra ruta era bastante más al sur navegaríamos bajo su influencia.
Nada más dejar cabo Salinas por la popa, el viento del norte, a unas millas de la costa hizo acto de presencia, de momento la mar se mantenía en marejadilla y navegando de ceñida podíamos mantener un rumbo bastante más al norte de nuestro destino, con intención de que cuando por la tarde refrescase tuviésemos el suficiente barlovento como para navegar más cómodamente hacia el sur de Cerdeña.

Las previsiones se cumplieron con bastante precisión, no demoramos en tomar un rizo a la mayor y con el viento aparente por el través de fuerza 6, la marejada se iba formando a cada hora que pasaba, no nos permitía demasiadas comodidades pero hacíamos millas a velocidad de vértigo, siempre por encima de los 8 nudos.
La noche bastante llevadera, con una luna casi en su plenitud y la mar en fuerte marejada, que nuestro piloto Simrad negociaba sin demasiadas guiñadas, hacía de la navegación un placer, la belleza del mar en noches como esas son incomparables cuando todo está bajo control y el resto de la tripulación duerme o algunos al menos lo intentan.

Las guardias llevaderas, sin horario fijo, he dormido lo suficiente anteriormente y me gusta la noche, prefiero que los demás duerman, en esas condiciones me planteo la navegación como una travesía en solitario, poco tránsito en la pantalla, algunos objetivos AIS lejanos y solo vigilancia periódica por si nos cruzamos con algún velero que haga la ruta inversa, pero ni eso.
De madrugada mar y viento han bajado bastante, es momento para que me tomen el relevo y dormir tres horas seguidas, aunque antes, un pequeño atún nos animará la cocina.

A medida que nos acercábamos a la pequeña isla de San Pietro la navegación, poco a poco, se hacía más tranquila, habíamos quitado el rizo y timoneábamos a mano para ganar esas décimas de nudo en la media tan alta que llevábamos, intentando alcanzar nuestro objetivo antes del anochecer, pero como casi siempre suele ocurrir, en las última millas el viento se quedó en brisa y ya era noche cerrada cuando viramos la isla y fondeamos en la bahía de cabo Negro un par de millas al sur de Carloforte. A pesar de todo una travesía para el recuerdo, la más rápida que había hecho en los ocho cruces anteriores, treinta y seis horas, ampliamente por encima de los siete nudos de media.

Los siguientes días con una tripulante más a bordo, crucerito placentero por todo el sur sardo, Calasseta, Carloforte, Teulada, Isla Rossa, calas de cabo Malfatano, puerto Pula, donde pudimos admirar la ciudad púnico-romana de Nora, la mejor conservada de Cerdeña y finalmente Cagliari, donde hubo cambio de tripulación.
Ahora con nuestro incombustible Fermín (Pacha en el foro), asiduo tripulante en cuantas travesías realiza el Bahía y Guiller que me acompaña desde Galicia hasta nuestro objetivo final, iniciábamos una nueva etapa que nos llevaría a realizar otro crucero, ahora por Sicilia

Objetivo la isla de Favignana en las islas Egadi, lo más al oeste de la mayor isla del Mediterráneo, travesía de algo más de ciento cincuenta millas, no tan sabrosa, casi toda a motor y ni un solo atún que nos amenizase el menú. Arribamos a la isla por el sur dispuestos a disfrutar de las cristalinas aguas en sus calas, pero agosto es un mal mes para nuestros intereses, los italianos tambien lo eligen en masa para sus vacaciones y se hace insufrible el tránsito de innumerables gommonas, a las que son tan aficionados.
Al día siguiente fondeo en los aledaños del puerto, en la parte norte. Lejos quedaba aquello de amarrar al muelle con ancla por proa, como hacía diez años cuando pasé por estas aguas, ahora 130€ la noche si quieres una plaza. Aún a pesar de todo y del gentío vacacional, Favignana sigue siendo un pueblo con encanto, atrás queda también la pesca del atún rojo con su famosa almadraba que calaban temporada tras temporada, desde hace cerca de dos mil años, la extracción masiva de las grandes compañías pesqueras ha dado al traste con la tradicional economía de la isla y ya solo queda para el recuerdo las fotografías y el cementerio e anclas herrumbrosas, con que se fijaban al fondo los corrales de captura.

Con viento de popa continuamos haciendo camino por la costa norte siciliana, en comunicación constante con Luis, el patrón del Sargantana, vamos dándonos información a través del whasapp, nos hemos cruzado pero no nos hemos visto, el de regreso a Cartagena y nosotros hacia el este. En terrassini recogemos a la hija de Fermín y Palermo me parece una ciudad con poco encanto, a pesar del beneplácito que le dan las guías turísticas.
Próxima parada Cefalú, de nuevo el encanto de las pequeñas poblaciones costeras, pero de nuevo nos enfrentamos a las huestes turísticas que nos agobian y ponemos proa al día siguiente a las islas Eólicas, sabedores, advertidos por Luis, de que aquello es un festival de embarcaciones.
Aterrizamos en Salina, dificultades para encontrar un buen fondeo y pasar la noche, menos problemas en Panarea, pero una avería en el nuevo alternador del motor ya no me permite disfrutar como cabría esperar. Aprovechamos la brisa vespertina para cruzar de spi a Vulcano y nuevos problemas para encontrar un buen fondeo en sus sulfurosas aguas.

Por unanimidad de la tripulación en vista del precario lugar de fondeo en que nos hallamos, decidimos navegar de noche, con una bonita luna, casi en su apogeo, para acercarnos al estrecho de Mesina, como lo alcanzamos antes del amanecer largo el ancla en un arenal a escasas tres millas del paso, un par de horas de cama y cruzamos el estrecho a motor, en calma chicha, algo bastante inusual en los tan temidos Scilla y Caribdis que cantaba Homero en su Odisea, eso sí, corriente en contra de tres nudos y espectaculares remolinos en las inmediaciones de la punta. Dejamos Messina por estribor en medio de un intenso tráfico de ferris y ya a vela navegamos hasta Taormina, otro de los iconos turísticos de Sicilia, un par de días de asueto en las tranquilas aguas de su bahía sur y última etapa hasta Catania, donde nos deja Fermín, antes de cruzar el mar Jónico hasta nuestro destino final en las islas Griegas.

Así como Palermo se me cruzó en mis apreciaciones, la ciudad de Catania la he visto con otros ojos, dentro de su decadencia, generalizada en todas las grandes poblaciones sicilianas, me ha gustado bastante, mucho más cuando hemos descubierto un espectacular mercado de abastos, repartido por las callejuelas aledañas al puerto comercial. Nos avituallamos convenientemente, ahora solo navegaré con Guiller antes de la travesía final. Permaneceremos en en el cómodo y barato puerto NIC, tres días para dejar pasar las primeras lluvias que nos caen en dos meses y solucionar definitivamente el tema del alternador.


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La Travesía a Cerdeña


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Rufino recibiendo mimos

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Cefalú

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La tripulación de Sicilia

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Taormina

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El Etna

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Mesina
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