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Predeterminado Re: Heroes Españoles (Relacionados con el mar) olvidados

Saludos, hoy traigo este magnifico relato sobre la Guerra de la oreja de Jenkings o Guerra del asiento, donde invito a los cofrades a accede al enlace.

Pero si me permitis, quiero poner algunos pasajes para reforzar algunos puntos que demuestran que debemos quitarnos ya de una vez ese complejo y derrotismo al revisar nuestra historia.

Todos sabemos como acabó esta guerra. Excepto algunos éxitos, la poderosa Royal Navy no consiguió doblegar a los españoles en América. Algunos preferirán seguir creyendo que España era inferior en todos los aspectos, que en el siglo XVIII perdió todas las guerras, que el fracaso británico en Cartagena de Indias en 1741 no tuvo la menor importancia. Por lo menos no pueden negar que Vernon fue derrotado, pero siguen sin admitir el verdadero alcance del desastre británico (2). Seguirán creyendo que el objetivo de los británicos era liberar América del yugo español (3). Simplemente con exponer los hechos tal y como ocurrieron se podrá comprobar que España, su Armada y sus hombres no merecen que sean recordados como los grandes perdedores, mirando a nuestra historia con otros ojos, sin complejos de ningún tipo. Los anales de esta guerra no se reducen a Cartagena de Indias y Portobelo, hubo muchos más combates y, en la mayoría de ellos, la poderosa maquinaria militar británica fue derrotada, por eso expongo los hechos más importantes que se desarrollaron en el Caribe.

Otro punto que siempre se destaca era como Espana recurria a la reclutacion de leva y esto hacia que nuestras tripulaciones fueran malas, bueno pues los Ingleses tambien lo hacian

El problema, era la falta de tripulaciones, recurriendo casi siempre a la leva por la fuerza, aunque en el mes de septiembre faltaban todavía 9.000 marineros para todos los buques alistados. Esta fue una de las mayores preocupaciones del Almirantazgo, pues las previsiones para el año siguiente eran de otros 35.000 marineros, teniendo que adoptar medidas urgentes, como tomar a la fuerza uno de cada cinco marineros de los buques mercantes, y algunas desesperadas. Provocaron no pocos desórdenes como el ocurrido en la fragata Dolphin cuando se dirigía a Gibraltar al amotinarse los reclutas que llevaba a bordo destinados a esa plaza, siendo reducidos, procesados y ahorcado el cabecilla. También provocaron las protestas de los comerciantes al verse imposibilitados sus buques a zarpar por falta de marineros aun teniendo los despachos de Aduana en regla, por lo tanto eran mercantes que estaban listos para zarpar de inmediato y muy pronto los daños al comercio fueron evidentes. Pero no sólo en los puertos de Gran Bretaña y sus colonias se tomaba por la fuerza a los marineros, también en puertos de naciones aliadas o neutrales

Y como la caida de Portobello se exagero y fue el primer error de Vernon
En marzo de 1740 llegó a Inglaterra el capitán Rentone en la fragata Triumph, que era la española Triunfo capturada, con las noticias de la tomo de Portobelo (19). La noticia de la victoria de Vernon hizo correr ríos de tinta y la alegría y alborozo duró varios meses. En honor a esta victoria todavía hoy existe una calle en Londres que la recuerda, Portobello Road. Se hicieron medallas conmemorativas. Vernon fue recibido como un héroe a su llegada a la metrópoli y en una cena en su honor dada por el rey Jorge II se tocó por primera vez el actual himno nacional británico. Se acuñaron unas medallas para conmemorar la victoria. En el anverso de éstas estaba la efigie de Vernon y la leyenda “VERNON SEMPER VIRET”, y en el reverso ponía “PORTO BELO SEX. SOLUM NAVIBUS ESPUGNATE. NOV. 22-1739”. Pero no fue ésta la única medalla, se hicieron muchas más, de muchos tipos, quizás la más conocida sea la que dice “Tomó Portobelo con sólo seis barcos”.

Por cierto ya se cometio la misma fechoria con las monedas que celebraban el supuesto triunfo de Vernon en Cartagena de Indias
Treinta y nueve de esos medallones pueden observarse en el Museo Naval de Madrid al que llegaron en el año 2000 procedente de la donación de un anticuario y de un particular. Ya en el primer catálogo del Museo Naval había tres de esas medallas. «La pieza más difundida de la colección lleva una inscripción, en inglés, que dice "El orgullo de España humillado por el almirante Vernon" y en el reverso: "Auténtico héroe británico, tomó Cartagena en abril de 1741», explica Carmen López Calderón, conservadora del Museo Naval quien nos explica los detalles de la colección.

En el anverso de la medalla se han grabado dos figuras. Una, erguida y victoriosa, la del almirante Vernon. La otra, arrodillada e implorante, se identifica como «Don Blas» y alude al almirante español Blas de Lezo.

«Las monedas en sí mismas no son de buena calidad, ni están bien grabadas. Se distribuyeron entre el pueblo para dar noticia de la supuesta victoria», apunta López Calderón quien explica que esa práctica era habitual en la época debido al elevado impuesto del timbre y sobre las publicaciones. «No se distribuyeron por canales oficiales, sino a través de ciertos nobles».

Las monedas fueron acuñadas en una aleación de Pinchbeck (cobre y zinc), teniendo una apariencia de oro aunque ahora, con el paso del tiempo, con la pátina deslucida.

En sus reveses las monedas ilustran la flota de Vernon y la fortaleza de Cartagena de Indias. En algunos de esos reveses solo aparecen seis buques, dando fe de la bravuconada del marino inglés.

La escena principal en la que Blas de Lezo se arrodilla contiene dos falsedades: «La primera: Vernon tuvo que retirarse sin cumplir su objetivo. La segunda: Blas de Lezo nunca se hubiera podido postrar, ni tender la mano, ni mirar desde abajo debido a la pérdida de una pierna a los 17 años en el combate naval de Vélez (Málaga), un ojo tres años después en Tolón y el brazo derecho en otro de los muchos combates navales que había librado a lo largo de su vida».


¿Merecía tanto júbilo la victoria conseguida (Portobelo)?El botín obtenido no merecía el gasto de tanto armamento. Además de la artillería capturada, de dos buques guardacostas y una balandra, sólo obtuvieron unos miles de pesos, puesto que el resto del dinero que había en la plaza había sido puesto a buen recaudo. Este éxito se volvió en contra de los británicos. Vernon y la mayoría de los comandantes menospreciaron las defensas, el valor y la capacidad española para sobreponerse. Basta como ejemplo, que el general Oglethorpe, comandante de las tropas coloniales en Norteamérica, propuso tomar La Habana con sólo dos batallones. Los españoles, ante la humillante entrega de Portobelo, clamaron venganza contra los británicos. El Almirantazgo británico y Vernon sabían que en Portobelo se había celebrado la feria en 1738. Como en todas las ferias, desde Perú se enviaban los caudales a Panama con la escolta de la Armada del Mar del Sur, y de allí a Portobelo.


Y una vez mas se utilizo una excusa por parte de los Ingleses, esta vez con la ya comentada Oreja de Jenkings

"En los momentos de mayor acaloramiento, uno de los partidarios de la guerra dijo que presentaría pruebas de la barbarie española y apareció en la sala un capitán escocés llamado Jenkins con una caja en las manos. En ella estaba su oreja cortada, relató lo que le había sucedido y la indignación y gritos contra España y a favor de la guerra era ya imparable. ¿Quien era Jenkins, y que le había ocurrido?. El capitán escocés Robert Jenkins mandaba una fragata mercante británica llamada Rebeca. Llevaba productos para comerciar con los permisos en regla. Navegando por la Florida es detenido por el guardacostas español Ia Isabela, al mando del capitán Julio León Fandiño, que tenía la obligación de comprobar si las mercancías que llevaban estaban registradas en los libros. Registrando la bodega del barco encontró gran cantidad de mercancía de contrabando. Como escarmiento, Fandiño cortó la oreja del contrabandista y le dijo. “Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve”. Si esta frase se dijo o no, es lo de menos, lo cierto es que en la Cámara de los Comunes se tomó como una afrenta a su rey y era merecedora de una declaración de guerra, aunque ya sabemos que este hecho se tomó como una excusa."

Y despues de Cartagena de Indias Vernon tuvo la segunda en la frente en Santiago de Cuba


"La suerte nunca le sonrió a Vernon, pues en sus incursiones contra el imperio español se topó con dos excelentes oficiales: Blas de Lezo en Cartagena de Indias y Francisco Cagigal de la Vega en Santiago de Cuba. Este último contaba con 36 años de experiencia militar. Durante su estadía como gobernador de la ciudad santiaguera, Cagigal de la Vega desplegó un eficaz servicio de inteligencia en las colonias inglesas del área, especialmente en Jamaica. Desde años antes se previó un enfrentamiento entre España y Gran Bretaña, por lo cual la corte hispana le encargó que averiguara los movimientos de los ingleses y de sus escuadras.
Apoyado por el Capitán General Juan Francisco de Güemes y Horcasitas, Cagigal de la Vega envió al santiaguero Miguel Moncada Sandoval a tierras jamaicanas para conocer de antemano los planes británicos. Mediante un complejo ardid, donde se saboteó el timón y la vela de su embarcación, Moncada estuvo unos 15 días en el puerto inglés averiguando cuanto podía.

Mezclado entre los habitantes de aquella isla, el valeroso santiaguero percibió un ambiente bélico, pues casi todos hablaban de la futura guerra que se aproximaba. Apresuró su misión y sin levantar sospechas pudo entrever lo que se estaba obrando: una invasión al oriente cubano. Con mucho tino memorizó algunos datos vitales relativos al número de navíos ingleses, su porte, estado de la tripulación, tropas de tierra y demás información de interés. Gracias a su labor y la de otros, también enviados desde Cuba, se conoció de antemano sobre la invasión.

Los trabajos de inteligencia salvaron la situación, pues las magníficas fortificaciones de la ciudad apenas contaban con 200 soldados para su defensa. Inmediatamente después del desembarco de los ingleses, de toda la Isla se enviaron compañías de milicias y de La Habana fuerzas regulares. Arribaron a la urbe milicias procedentes de Trinidad, Sancti Spíritus, Jiguaní y Manzanillo. Blancos, mestizos, indios y esclavos se unieron bajo una misma causa: defender la tierra donde nacieron de los invasores extranjeros.
Cagigal de la Vega conocía que las probabilidades de éxito dependían de la experiencia y la estrategia que debía desarrollar para equiparar la desventaja numérica existente entre sus tropas y el enemigo. Por eso, en un primer momento, retiró el ganado de la región y cortó los demás suministros, incluso el agua. Luego ordenó a las milicias hostigar al enemigo. Del resto se encargaron el calor, las zonas pantanosas y los enjambres de mosquitos. Estos factores se conjugaron para hacer un suplicio la estadía de los británicos en Cumberland. Tras cuatro meses de intensas bajas, habían caído unos dos mil casacas rojas, más de la mitad de los efectivos desembarcados en la bahía guantanamera.

Totalmente perdida la capacidad combativa, y propenso al aniquilamiento por emboscadas y enfermedades, Vernon reconoció su derrota. Era el 20 de noviembre de 1741 cuando comenzó a reembarcar. Tras sus fracasos en Cartagena de Indias y en Santiago de Cuba volvía a Inglaterra avergonzado. Debía comunicar a Jorge II que la victoria nunca existió. Dejaba atrás la promesa de una América británica. De cara a su destino, el almirante Edward Vernon volteaba la vista al desafiante Mar Caribe mientras tragaba su orgullo y se preguntaba, una y otra vez, si las decisiones tomadas habían sido las correctas.
Según una antigua tradición cubana, la primera misa que se celebró en la Villa de San Cristóbal de La Habana, fue a la sombra de una hermosa ceiba que se encontraba por el ángulo N.E. de la actual Plaza de Armas, donde hoy se halla el Templete. En 1754, el teniente general don Francisco Antonio Cagigal y de la Vega, capitán general y gobernador de la Isla de Cuba, queriendo perpetuar este recuerdo, mandó a construir en aquel sitio un modesto monumento compuesto por un pilar de tres caras, de nueve varas de ancho sobre un zócalo de piedra de cuatro pies de altura y cinco de diámetro. Sobre lo alto de este pilar, se colocó una pequeña imagen de Nuestra Señora del Pilar, y en el zócalo se puso la siguiente inscripción:


http://www.todoababor.es/articulos/g...ja-jenkins.htm
http://hispanismo.org/hispanoamerica...e-en-cuba.html
http://www.abc.es/archivo-historia-a...211282129.html

Editado por coronadobx en 29-08-2016 a las 23:18.
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