El precioso y variado colorido de los llaüts tenía una razón: cada pescador tenía el suyo, que aplicaba a todos sus barcos o botes, y mantenía de por vida (o incluso por generaciones). Esta costubre se perdió con la paulatina introducción de embarcaciones de fibra, que se servían todas blancas y máxime con una franja casi siempre azul, verde o roja.
