[...] Y UN COMERCIANTE DIJO: Háblanos del Comprar
y del Vender.
Y él respondió:
A vosotros la tierra os ofrece sus frutos, y nada os
faltaría si solamente supierais cómo llenaros las manos.
Y cambiando las dádivas de la tierra, que hallaréis
en abundancia, seríais, satisfechos.
Y, sin embargo, a menos que el cambio se haga
con amor y con justicia, él conducirá a unos a la avidez
y a otros al hambre.
Cuando vosotros, trabajadores de los campos y de
los viñedos, encontráis en el mercado a los tejedores, a
los alfareros y a los que cosechan especias, invocad al
espíritu amo de la tierra para que descienda sobre
vosotros y santifique las balanzas y los cálculos que
han de comparar un valor con otro.
Y no admitáis que quienes tienen vacías las manos
tomen parte en vuestras transacciones, ellos que venden
sus palabras a cambio de vuestro trabajo.
A tales hombres les diréis:
Venid con nosotros al campo, o acudid al mar con
nuestros hermanos y echad vuestras redes:
porque si la tierra y la mar son con nosotros
generosos, también lo serán con vosotros.
Pero si vienen los cantores y los bailarines y los
flautistas, comprad de sus ofrendas.
Porque también ellos son cosechadores de frutos y
de incienso, y lo que aportan, aunque fabricado de
ensueños, es abrigo y alimento para vuestras almas.
Y antes de abandonar el mercado, aseguraos de
que nadie se retire con las manos vacías.
Porque el espíritu amo de la tierra no descansará en
paz sobre el viento, hasta que las necesidades del más
humilde entre vosotros no hayan sido satisfechas.
Extracto del libro "El Profeta" de Khalil Gibran
