Antes de comprar mi barco actual quise conocer a su dueño, a quién que lo había estrenado, equipado y mimado durante casi dieciseis años.
Consideré que una charla de una hora con el " padre de la criatura" me daría una opinión sobre el barco infinitamente mejor que todo lo que hubiera leído del modelo y me explicara el encargado de venderlo, pese a haberlo ya reconocido al detalle, y a haberlo probado en diversas condiciones de mar y viento, y sentirme ya poseído por aquella sensación que encoje el estómago.
Tuve ocasión de conocer a una persona excepcional, buen navegante, ingeniero naval, excelente empresario, y de una cordialidad y simpatía desbordantes.
Nuestra entrevista retrasaba su partida en un flamante 45" recién salido del horno para recorrer más de trescientas millas hasta su puerto de destino y con su tripulación esperándole, pero él parecía no tener especial prisa por apearse del narco e iniciar su viaje.
Al despedirnos yo tenía decidido dar el "sī quiero", pero me impresionó su último mensaje: " ahora al salir si cuando paso por delante del barco no te saludo es que no quiero que veais que se me saltan las lágrimas... y lo decía en plena ilusión de poder iniciar en breves instantes sus primeras millas en la maravilla de barco que en aquél momento se disponía a esternar en sustitución del que acababa de entregar a cambio....
Es evidente que el barco acaba convirtiéndose para muchos en un pedazo más de nuestra vida,y la pena de despedirlo no se llena ni con la alegría de llevarse un barco nuevo.
Unos días después yo pasé por el mismo trago, al amarrar el barco que me había acompañado veinte años para llevarme el barco que ahora tengo me sentí poco menos que un traidor, lo amarré con sumo cariño y no encontraba el momento de poner el pie en tierra..., solo faltaba decirle, gracias por tantos años de felicidad, no te preocupes que seguro que te tratarán como mereces.
Pocos meses después me llamaba su actual dueño para preguntarme ilusionado por cualquier detalle de su interés, me tranquilizó su afirmación de que lo había elegido entre varios del mismo modelo por su impecable estado de conservación y equipamiento, y tuve ocasión de hacerle todas aquellas recomendaciones que te dejan con la tranquilidad de rendirle tributo y procurar para el mismo el mejor futuro.
Un coche, un televisor, una nevera, son meras máquinas que cuando envejecen las cambias por otras sin pestañear. Un barco no deja de tener en cierta forma para muchos armadores " alma" y es posible que ello marque la razón de ser de que pudiendo alquilar uno cualquiera para navegar unos días al año, muchos de nosotros practiquemos el masoquismo de disfrutar del propio barco, con todo lo que ello conlleva, de mantenimiento, reposiciones, aditamentos, amarres... y ése larguísimo etc. que te lleva a privarte de otras muchas cosas que nunca te darían la satisfacción de disfrutar de tu propio barco.
Todo ello puede parecer cursi, pero en mi caso es real.

Saludos cordiales

