Es un mecanismo psicológico conocido.
Puedes ser aficionado al tiro deportivo, pero si lo eres, es difícil evadirse de la mística de las armas.
Por ello, y para justificarse ante una sociedad hostil al tema, empiezas a usar lugares comunes poco meditados y a despreciar a quienes los usan (también) para atacar a los aficionados.
Eso convierte a un porcentaje de dichos aficionados en verdaderos fans acríticos, muy agresivos ante cualquier crítica.
Asimismo, su afición, y su orgullo por ella hace que se definan personalmente y generen una autoimagen según dicha afición.
Y ahí ya se está a un paso del problema. Cruzar la línea donde ya cargas con un arma deportiva (prohibido excepto en los trayectos entre tu casa y el campo de tiro), la luces y cuentas a todo el mundo "yo por mi hija maaato..." cuando lo que quieres que entiendan es "cuidado conmigo, que soy un tipo peligroso..."
Tener una afición es bueno, preocuparse por la seguridad, aceptable. Pero convertirse en un matón no.
