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Antiguo 07-11-2016, 22:09
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Nochero Nochero esta desconectado
Hermano de la costa
 
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Predeterminado Re: El Cementerio De Las Borrascas.

Dedicado para ti camarada que no tendras que volver de muerto a donde has ido de vivo.....

El pantalón tieso y frio como el hielo me acabo de espabilar y en diez minutos estaba en la vieja chabola de madera poniéndome el pantalón de aguas, Dios vaya día nos espera pensaba mientras el viento azotaba las viejas tablas removiéndolas y metiendo lluvia dentro.
Ya solo llegar en la embarcación auxiliar al barco fue toda una aventura, soltamos el barco e inmediatamente casi sin gobernar el patrón una fuerte ráfaga de viento y fría lluvia lo desplazo unos diez metros, mi tío y yo nos miramos sin palabras, no eran necesarias ambos sabíamos lo que nos esperaba aquella noche-día.
Atracamos al muelle y recogimos la carnada, cuatro cajas de madera llenas a tope de sardina que debíamos trocear en pequeños trozos que luego usaríamos para encarnar los 1800 anzuelos que largaríamos a la mar, unas 12 cestas de 150 anzuelos aproximadamente.
Antes de salir al ruedo preparamos todo y sobre cubierta nos preparamos para ir picando la carnada, tapamos como pudimos con cajas y trapos todas las posibles entradas de agua y sobre la cubierta depositamos una manta y unas espumas de colchón sobre las que nos arrodillaríamos encima de la caja de carnada a trocear la sardina ayudándonos de unas tablas que poníamos encima de la caja de carnada.
El patrón salió de puerto pues teníamos que tener los aparejos en el agua antes de venir el día y ya eran cerca de las cuatro de la madrugada entre unas cosas y otras.
Tan pronto salimos de puerto el agua inundo la cubierta a pesar de nuestros inútiles esfuerzos por evitarlo y le terrible balanceo nos hacia resbalar de estribor a babor con cada embate de mar , la grasa de la sardina inundaba la cubierta acentuándolo , el agua de mar nos llegaba a la cintura metiéndose por las botas y subiendo , notabas un helado frio cada vez que subía e intentabas abriendo lo más posible las piernas aguantar una posición y picar la sardina para acabar con aquel suplicio pero las manos apenas te obedecían y se volvían torpes con el consiguiente peligro de cortarte un dedo , entre el frio del mar y la s sardina que estaba congelada , a los quince minutos a penas notabas los dedos de las manos y estas se volvían inútiles , el agua de la mar llegaba a sentirla como caliente cuando llevabas una hora picando aquella congelada carnada dura como la piedra , la metíamos en baldes de agua a descongelarse pero tardaba mucho pues era una noche de invierno muy fría , nos colocábamos de espaldas a proa y lo más próximos al equipo del barco para intentar protegernos de los continuos golpes de mar pero era prácticamente imposible y uno tras otro azotaban tu espalda como helados latigazos de un verdugo sin piedad.
Al fin acabamos con la maldita tarea de picar la carnada y dispusimos los aparejos que íbamos a largar en tantas caceas como nos ordenase el patrón , era otra odiosa faena pero todo lo era en aquellas condiciones y colocamos ya atadas entre si las cestas que iban a largarse y las calas todo amarrado y sujeto si no saldría volando al instante , al acabar nos sentamos dentro del equipo los tres chorreando por fuera y también por dentro , hombro con hombro mirabas dentro de aquel tosco capuchón y apenas distinguías unos ojillos rojos por el salitre en medio de una blanca cara , notabas el calorcillo del cuerpo de tu compañero y también notabas sus temblores entonces mirabas tus manos temblorosas y te dabas cuenta de que tú estabas temblando como él , mi tío estaba intentando encender un pitillo pero no era capaz pues estaba todo tan inundado por el salitre y los golpes de mar que resultaba imposible cuando sentimos reducir el motor y la voz del patrón y salimos a cubierta atropelladamente a largar en medio de aquella negra y horrible noche solo iluminada por unos viejos focos que desafiaban aquella inmensa y fría oscuridad.


Apenas llevábamos 200 anzuelos y ya no aguantaba el dolor de los dos dedos con los que sacaba los anzuelos y los clavaba en la dura y aun medio congelada sardina teniendo cuidado de atravesar la piel sin romperla , sin mirar los tiraba por la borda mientras mi tío aguantaba la línea madre evitando que esta me diese un tirón enganchándome los anzuelos las manos , tenía que apurar para seguir la marcha del barco pero al cabo de un par de horas ya ni sentía las manos en aquella fría noche , creo que podría atravesar una mano con uno de los anzuelos sin llegar a enterarme , la nariz era un grifo constantantemente chorreando las orejas quedaban protegidas debajo del grueso gorro de lana que ya formaba parte de tu ser , maldito frio la sangre hacía rato que no circulaba por mis piernas en las que ya no sentía frio tan solo un cosquilleo , era un alivio estar en la última cesta , al fin termino y me desplome hacia atrás suspirando al soltar el ultimo anzuelo , largamos la cala y teníamos una espera de unas dos horas antes de empezar a levantar los aparejos , me senté en popa solo mientras ellos intentaban dormitar un rato después de comer el pincho y mientras tiraba de aquel pitillo como si en ello me fuese la vida observe la oscuridad y al acostumbrarse los ojos comencé a divisar las moles de agua negra que incansables avanzaban en medio de aquella fea noche , malditos nortes no duraría ni quince minutos si caía al mar en ese momento , que sentiría , mi abuelo , murió así , sentiría un atroz miedo , pánico , lloraría como un niño ante una más que cierta muerte o simplemente dejaría volar mi mente hacia mis más queridos seres y en medio de aquel infierno antes de perder los sentidos me despediría de ellos dándoles gracias por lo vivido y pidiéndoles perdón por abandonarlos , es imposible saber lo que se experimenta en esas circunstancias y supongo que dependerá de cada persona.
Un helado golpe de mar me saco de mis negros pensamientos y me devolvió a la cruda realidad, me dirigí al equipo y busque acurrucarme entre mi tío y el marinero.
Un brusco grito del patrón nos espabilo y dispusimos todo para levantar los aparejos , colocamos las cestas vacías y atamos manojos de anzuelos , dispusimos sobre cubierta todo para almacenar las bolas y los padrones y cajas para ir estibando el pescado , el día iba poco a poco ganándole la pelea a la noche y divisamos a nuestro alrededor otros dos barcos que también estaban maniobrando para comenzar a levantar los aparejos , echamos mano a la boya y comenzamos a halar los aparejos a mano , unos viejos guantes de cuero evitaban que cortásemos las manos y cada par de horas nos turnábamos pues corrían las mareas y el condenado del aparejo pesaba como un demonio , empezaron a subir sargos , maragotas , merlones algún sanmartiño…no se estaba dando mal el día y en esto notamos un tirón tan fuerte que nos saco el aparejo de las manos y al subirlo venia sin anzuelos ni pescado algo había arrancado de cuajo diez o doce anzuelos , por un par de veces más notamos ese terrible tirón y el patrón nos comento que a los otros barcos también les había pasado lo mismo , algo en el fondo estaba comiéndose nuestra pesca , algo grande muy grande.
Nunca supimos que animal fue el causante de esto y fue la única vez que esto nos paso.
Ahora escribiendo esto aquí cómodamente sentado me doy cuenta de lo afortunado que fui en eses duros años que me toco en suerte el compartir los avatares de cada día de duro trabajo entre hombres de ese calibre , titanes disfrazados de pobres marinearos , orgullosos de lo que eran , atesoro en mi recuerdo cada simple día de trabajo como el que os relato y sin ningún lugar a duda fue una temporada de mi vida maravillosa , casi se me saltan las lagrimas al recordar momentos a vida o muerte donde ya todo estaba perdido abandonando el barco juntos o entrando en medio de un terrible temporal surfeando a vida o muerte pero también recuerdo las risas más sinceras , felicidad pura y salida directamente del alma al hacer una buena captura , aquel gigante rodaballo al que no dabas abrazado y te rodeaban entre risas esos titanes , momentos mágicos donde los aparejos se volvían de plata cargados de robaliza y locos de felicidad reíamos.
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Si la vida es un barco,...
que haya sueños en las velas,
esperanza en el timon,...
y no esclavos en los remos.
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