De acuerdo en los hechos, pero hay matices.
Carlos V heredó distintos reinos por parte de sus abuelos maternos y otros por parte de su padre y de su abuelo paterno.
Pero cada reino tenía sus propias leyes y distintas formas de asambleas de gobierno.
En el caso de Flandes y las provincias unidas habían costumbres a la alemana de aceptación o no del heredero. Esto justificó legalmente sus intentos de separación del imperio y obligó, además de guerra, a malabarismos diplomáticos para mantener las provincias del sur (Mas o menos la actual Bélgica).
En el caso de Castilla, el poder real era muy grande, y la herencia legítima incontestable. Por eso allí los asaltos al poder consistían en negar dicha legitimidad. Como en el caso de la Beltraneja, o la necesidad de la maniobra de la regencia para evitar una guerra civil contra Fernando. O los comuneros que, aparte de "la demagogia" de algunos postulados le negaban la legitimidad a Carlos.
Aragón debía dar también el beneplácito.
El rey se presentaba y daba sus razones y explicaba al consejo reunido (habían cortes en Zaragoza, Barcelona, Valencia, Mallorca) lo que le legitimaba para ser rey. Si el consejo aceptaba, el rey juraba respetar y mantener las leyes y solo entonces se le prestaba juramento bajo la curiosa fórmula:
"“Nós que valem tant com vós, jurem davant vós que no sou millor que nós, que junts valem més que vós, i que us acceptem com rei i sobirà sempre i quan respecteu nostres llibertats i lleis, però si no, NO.”
Además tenía que acudir periódicamente a convencer y solicitar dinero a los consejos para sus guerras, cosa que le resultaba un verdadero suplicio...
No hay que olvidar que Carlos V era emperador. Es decir, cabeza de un conjunto de reinos en los que su poder era muy distinto y su capacidad de imponerlo por la ley iba de total a muy endeble.
