Después de dos días en Maddalena, nos trasladamos a Cala delle Saline, a solo 6 millas. Noche perfecta con pocos barcos alrededor.
Por la mañana salimos hacia la marina Cala dei Sardi, justo debajo de Portisco. En las cercanías de Porto Cervo empezamos a notar el mar confuso de las “auxiliares” de los megayates y las motoras inmensas. Parecía que se regocijaban al pasarnos a escasos metros. Al principio nos molestó, pero al ver que todos hacían lo mismo optamos por aguantarnos y cerrar las escotillas.
Antes de llegar a Cala dei Sardi, el golfo de Cugnana, fondeamos en Cala di Volpe por curiosidad. Jamás habíamos visto nada igual, megayates con helicóptero por todas partes, como compitiendo entre ellos. Una mezcla de admiración e incredulidad de ver esa concentración de derroche y exhibicionismo. Ya no volvimos más a Cala di Volpe.

Cala di Volpe
Nos cruzamos con el Dilbar, según internet, el yate privado de más tonelaje del mundo…
Por la tarde llegamos a Cala dei Sardi, uno de los destinos que habíamos reservado con mucha antelación. Tras avisar por el canal 8 y esperar uno tras otro a que nos asignaran amarre, nos dimos el último baño en la plataforma flotante de la marina. La verdad es que nuestra primera impresión fue estupenda, jardines muy cuidados, lavabos limpios y espaciosos, cafetería bastante equipada y marinería muy amable. Estuvimos amarrados por la parte interior del pantalán. La marina es un pantalán en forma de T unido a tierra.

Marina Cala dei Sardi
Por la mañana, después de haber ido en auxiliares a comprar algo en el mercado de Porto Rotondo, decidimos ir a pasar la noche siguiente en las calas pasado el Capo Figari. Solo pasar el cabo, el paisaje marinero era otro, apenas vimos mega-yates. El Capo Figari, impresionante, dio paso a la Isola di Figarolo y cuando atardecía llegamos a fondear a la Spiaggia Bianca. Había previsión de viento fresco de NE, allí pasamos bien la noche aunque con el fondeo reforzado.

Capo Figari, Isola Tavolara al fondo