La verdad es que no soy nada supersticioso, y creo que si lo cuido bien, y espero hacerlo asi, el Calabobo me puede dar muchas satisfacciones.
De momento es la realidad de un sueño, un sueño que acariciaba desde muy, muy joven, y que, por fin se ha hecho realidad. Ahora disfruto de acariciar su casco cuando lo lijo, de barnizar sus maderas para que brillen a la luz de las velas cuando estemos fondeados en alguna cala de este maravilloso mediterraneo...
Ufff, esto debe ser el sindrome de abstinencia (de navegar y de beber), creo que es porque hace rato que no tomo nada, asi que vaya una ronda para todos....

Un abrazo y buen viento