Empecé a hacerlo porque muchos navegantes que iban hacia América estaban preocupados porque sus familias no iban a saber nada de ellos durante un mes. Yo era radioaficionado ya en aquella época y les dije: ‘Contactad conmigo, dad mi teléfono a vuestras familias y que me vayan llamando para saber cómo vais”, rememora Rafael
. Recuerda que, “por supuesto”, cuando a esos marineros les iba mal, él callaba y no les decía nada a las familias para no desasosegarlas.

"Hace 15 años, dos navegantes italianos que venían de la Península hacia Canarias me llamaron diciendo que se estaban hundiendo. Yo avisé y los encontraron en la balsa de emergencia. Hace tres o cuatro meses, la chica a la que salvamos llegó a Las Palmas. Me llamó y nos reunimos todos los que participamos en el rescate y nos hicimos una gran foto”, recuerda Rafael. “Nos despedimos con un abrazo y esa es la recompensa que recibo. Me encanta porque veo que soy útil a la sociedad”,
Imágenes como estas son el motor de Rafael
Cuando naufragó Paco Jimenez yo estaba a una jornada de su posición. El tiempo todavía era bueno, pero se acercaba un frente intenso que nos habría de vapulear los siguientes días. Caia la noche y cuando nos disponíamos a entrar en la rutina de la Rueda, Paco nos alertó de su vía de agua y que quería abandonar el barco. Rafael nos ordenó a todos que permaneciéramos en silencio y Paco desaparecía por momentos para intentar parar la entrada de agua. Cada vez que volvía notábamos su desesperación en sus palabras y volvía anunciar su decisión de abandonar el barco.
Rafael lo calmaba, le decía que preparara el abandono, pero que luchará por mantener el barco a flote. Le transmitía tranquilidad, le decía que ya estaba todo el mundo avisado. Algunos veleros dispuestos a subir Spi y hacer la regata de nuestra vida. Otros a menos millas delante, dispuestos a ponerse a ceñir, pero muy cerca también había un catamaran francés y - como supimos después- un mercante indio- Poco a poco fue cayendo la noche y yo pensaba que podía haber ocupado el lugar de Paco. La noche anterior estaba cenando y sentí un golpe muy brusco que frenó el avance del barco e hizo cimbrear el palo, pero el impacto parecía haber sido en la roda en donde el barco es muy fuerte y después el objeto - que nunca vi- pasó rozando el casco.
En aquellos momentos de agustina, en silencio y sin noticias de Paco, Rafael nos calmó a todos. Nos aseguró que estaría bien, que pronto nos daría noticias. Rafael no durmio en toda la noche al igual que nosotros, hasta que al otro lado de la radio creo que dijo:
Muchachos : está salvado abordó de un mercante.
Y de pronto por todos los lados sonaron gritos de alegría