Hace bastantes años, salimos ue mi amigo Tomas y yo desde el puerto de Sada por la noche en dirección a Cedeira.
Era una noche de verano preciosa, durante la travesía de la ría, aprovechamos para hacer algo de cena y fuera de puntas la navegación era tan placentera que no hicimos guardias y después de una larga conversación nos enfrascamos en una partida al ajedrez. A la altura de Prior notamos que la marcación ni cambiaba y el barco parecía clavado al fondo. Encendimos el motor y no notamos diferencia. En vista de que pasaba algo que no entendíamos, dimos la vuelta y volvimos a Sada al muerto en donde tenía el barco por aquel entonces. Lo que nos llevo dos o tres horas nos llevó toda la noche con todas las velas y el motor. Justo cuando subimos las gazzas del muerto, vimos lo que había pasado: un árbol entero se había encajado en la orza. Había ramas por todos los lados y justo habíamos pillado la abertura que dejaban dos dos troncos gruesos. Como estábamos muy cansado, nos echamos a dormir con la idea de intentar liberarnos ya descansados y con el sol más alto. Lo bueno es que cuando nos levantamos soplaba un nordeste fresco y el árbol ya no estaba. El barco cabeceaba alegre como disfrutando de haberse liberado.
