Contra el oxido, no hace falta.
El óxido del aluminio tiene la característica de que es inerte, impermeable al oxígeno, al agua y a la sal, y adherente.
Es decir: es, en si mismo, una pintura fantástica.
Por eso, cuando se vuelve de ese color gris característico, es mala idea volver a dejarlo brillante y reluciente: se le rebaja el espesor y se le quita la protección que ha conseguido... por el procedimiento de oxidarse.
No obstante hay quién, al menos en el exterior, prefiere darle una mano de pintura y, aunque los motivos acostumbran a ser mas bien estéticos, se aprovecha a que sea de base zinc para, al menos, aprovechar para proteger del agente mas destructor para este material: la electrólisis.
De todas formas, para que esta capa de pintura se adhiera, tengo entendido que hay que darle antes determinados tratamientos nada sencillos que lo encarecen notablemente.
