Los gallegos somos un poco panteistas y otorgamos personalidad y alma a los objetos que nos rodean.
Los celtas pensaban que las almas de los difuntos que no habían podido cumplir sus promesas habitaban en las piedras y las reunían para que con el esfuerzo de todas, mediaran por ellos en el más allá. Los milladoiros son acumulaciones de piedras que la gente recoje en el camino y después de llevarlas en su jergón, depositan en una pila.
No es extraño que todos nos unamos a cosas a las que otorgamos un valor sentimental. Un barco - como ya se ha dicho aquí- es la mejor metáfora de la libertad, es también una casa, un utero en el que nos acurrucamos y nos protege, la crisálida en donde se produce la metamorfosis de un hombre cualquiera en un marinero.
Por esa razon, es muy normal el apego que mostramos a un barco al que cuidamos para que después el nos cuide y si disponemos de la fortuna del tiempo y el conocimiento, nada nos otorga más placer que encargarnos personalmente de mantenerlo. No es lo mismo que lavar el coche o la moto. Nos va la vida en ello...¿como no nos va a doler la despedida?
