Ya os he hablado del símbolo del viejo gremio de mareantes . El triángulo inscrito en la circunferencia.
Espacio , tiempo y memoria.
Para dominar el espacio necesitamos el tiempo y para dominar este, hace falta la memoria. Volver la vista atrás y recordar de dónde venimos, lo ignorarnos que éramos cuando éramos jóvenes.
Hace unos días me invitaron a conocer una fábrica de pianos. Para explicar sus avances tecnológicos, me sorprendió que no tenían el menor recato en mostrar sus primeros trabajos. De esa forma podías entender el salto tecnológico que habían dado.
Los marinos con frecuencia nos encontramos con viento de proa y lo que se anunciaba como una navegación apacible se convierte en un calvario lleno de dificultades y sufrimiento. En ese momento debemos mirar todo lo que hemos avanzado en la carta.
Pero como todas las grandes lecciones de la vida, siempre esconden una paradoja. Debes recordar, pero también olvidar. Dicen que si las mujeres recordarán el dolor de parir, sólo tendrían un hijo. Pero los seres humanos filtramos los malos momentos para poder seguir adelante olvidando.
La vida es ingrata y como decía Italo Calvino en las ciudades imaginarias hay dos formas de sobrellevar el infierno. Una es volverte también infierno y así, inmerso en el, no lo notas. Otra - más dificil y esforzada, es descubrir lo que no es infierno y cuidarlo para que crezca.
Aún así, esa pequeña semilla que intentamos cuidar para que fructifique, con frecuencia se muere. En esos momentos actuo como Marco Aurelio, como un estoico y libero mi angustia pensando que he hecho lo humanamente posible y así supero mi angustia. Cuando una pequeña flor sobrevive en medio de un medio tan hostil como el infierno y me regala con su belleza y sus aromas, actuo como un epicúreo y procuro celebrar la vida, deleitarme con cada uno de los matices de ese momento fugaz en donde todo parece ordenarse como las palabras de un poema que nos inflama el corazón y nos enardece.
Hace años decían con admiración de los marineros que trabajaban en el Gran Sol: les llamaban hombres de hierro en barcos de madera.
Yo conocí alguno de aquellos que reían ante la muerte. Eran alegres, solidarios y recios, pero también sensibles y de lágrima fácil. Vivían en una hermandad en donde dependían unos de otros. las olas del mar y los temporales no hacían mella en ellos, pero podían embargarse de emoción llorando por una injusticia.
Pasado el tiempo, me congratulo de encontrar aquí a unos marineros amigos del hierro, la madera o la fibra, dispuestos a sobrellevar el frío, el sueño y la incomodidad a cambio de la aventura -,que viene del mismo régimen etimológico que el advenir- de lo que está por venir, de estar dispuesto a afrontar lo que nos depara el camino. Me agrada saber que en la misma fortaleza que requiere ese desafío - igual que ocurría con los hombres de hierro en barcos de madera, hay aquí una sensibilidad parecida.
Un

por vosotros camaradas.