Buenos días Kaia, como siempre es un placer leer las novedades de tu cuaderno de bitácora de las que siempre se aprende.
Aprovecho para enviarte un saludo desde la península del Morrazo, Moaña, el salvaje noroeste ibérico al que te diriges nuevamente

. Con toda probabilidad no me identificarás por el nick y seguramente tampoco por mi nombre, pero te diré que hemos sido vecinos de pantalán, en Moaña, y que hemos conversado unas cuantas ocasiones. Te daré un dato con el que seguramente puedas hacerte una idea: soy el desolado tutor de aquella exclusiva megaolla pulpeira que no encontraba su lugar en el mundo a bordo del Bahía las Islas. Y digo desolado tutor porque después de que la infrautilizada olla pasase del Verdel, al que diste en primera adopción, a mi barco, la pobre cayó en el fondo de un cofre relegada a ejercer de simple contenedor de arroces, pastas y comida liofilizada, hasta que un buen día, como en el cuento de la Cenicienta, con el despertar de la primavera y el trasiego propio de las tripulaciones de los barcos, ocurre lo de siempre, algo endémico por estas aguas. Ocurre que las jornadas de estas fechas están dirigidas principalmente a arranchar los barcos después de la hibernación y se coronan habitualmente conversando y compartiendo unos con otros una botella de vino y alguna captura del día (esto último con mucha suerte) o fondo de cofre que llevar a la boca. Pues bien, es en una de estas ocasiones cuando alguien apareció con un saco de 10 kg de mejillones recién desembarcado en el puerto y ¡oh, encantamiento! la pobre Cenicienta, en forma de olla, brincó del fondo del cofre y se puso a brillar con toda su intensidad. Desde ese mismo día la olla pulpeira pudo demostrar toda su versatilidad en numerosas ocasiones. De esta manera se encargó de preparar pulpos, mariscos, mejillones, caldeiradas, marmitakos, codillos, botillos y cualquier otro uso culinario que se tuviese a bien. Tanto fue su éxito y tanto se corrió la voz por el puerto que pasó de barco en barco y de romería en romería hasta tal punto que hoy en día no sé donde se encuentra y de ahí viene mi desolación, porque llegado el día de soltar amarras hacia aguas del Algarve y Huelva con la familia no pude embarcar a ese nuevo miembro al que todos considerábamos como tal. No quiero ni pensar que haya acabado a bordo de algún barco inglés y ahora, estos hijos de la Gran Bretaña, la tengan por inmigrante ilegal con el asunto ese del Brexit.
En fin…se bienvenido, Kaia, y cualquier cosa que necesites de mí no dudes en pedírmela. Hay que ver para lo que da una olla cuando se la dota de ánima y no te digo un barco…que lo disfrutes. Buena mar y buena proa por ese W ibérico que te espera.
