Me acuerdo de mi amigo Pancho.
Es muy probable que ya lo contara aquí, pero no lo sé, porqke con frecuencia lo recuerdo y no sé cuántas veces y en donde lo he contado.
Un día dijo que era yo era su padre - aunque me doblaba en edad-
Era una manera de decir a su manera que me seguiría al fin del mundo.
Había navegado de niño en los viejos pataches de Vela subiendo sal desde San Pedro del Pinatar y bajando madera de pino para el Pueerto de Santa Maria.
La vela la asociaba a la miseria. Algunas veces se quedaban a pocas millas del puerto y como no tenían motor intentaban avanzar lastimosamente a remo. Era solo para entretenerse, porque la corriente podía más y se dejaban a la deriva - atravesados - decía el. Me contó que una vez les parecía escuchar la música de la fiesta del pueblo y se la perdieron fondeados al abrigo de Cabo Toruiñan l en la playa de Nemila. Abierta al Océano y temblando porque no cambiará el viento y los espanzurrara contra las piedras. Cuando el nordeste es fuerte en <touriñan parece condenado y sopla día y noche imposible de remontar,
Decía Pancho que en los pataches la miseria era total , que no tenían nada más que ratas y que dormía con los pies dentro de una maleta con una toalla embuelta obsesionado con que le roerían los dedos de los pies. La obsesión por las ratas la mantuvo hasta que se murió. Recuerdo un día que estaba descalzo de noche en la bañera y pegó un salto enorme pensando que había un ratón - cuando me fijé era un pequeño pez volador.
Cuando dejó los viejos veleros se pasó a la mercante. Antes me decía que viajaba con su padre por toda la costa para encontrar un motor de segunda mano. El motor era para el lo avanzado, la seguridad, la tecnología que le permitía liberarse de las miserias de los pataches,
Cuando se júbiló habían pasado más de cuarenta años de sus travesías a Vela y cuando volvió a navegar impulsado por el viento fue para cruzar conmigo el Atlántico. Nunca más se olvido de aquel reencuentro-
- voy a pescar a la laxa de touriñan y nunca me quedaré en el mar. Si ni voy al sur voy a norte, pero quiero tener un mástil y una vela.
Cuando ya estaba muy enfermo de cáncer, yo tenía que subir mi actual barco del Mediterráneo. Solo disponía de los días libres de Navidad y había pensado hacerlo solo. Sabía que muy probablemente me encontraría con tiempo duro, pero la idea era llegar por lo menos a Portugal, dejarlo allí y volver más tarde,
Pancho se empeñó en acompañarme. Sería la última Navidad que pasaría en este mundo pero no quiso quedarse en casa rodeado de su familia, abrigado tomando su medicación. Los amigos decíamos que era un comanche del mar . Sabía hacer un aparejo de pesca con cualquier cosa y lo he visto cantando eufórico y feliz en medio de un temporal en el que cualquier marinero bragado lloraría como un niño.
Eran las doce de la noche y rumbo al estrecho el cielo se iluminaba a lo lejos con los fuegos artificiales. El mar estaba picado pero hacíamos una buena media. El frío era intenso pero no queríamos perdernos el espectáculo y aguantábamos en la bañera. Le pregunté si no hubiera preferido pasar las Navidades con su familia .
-y perderme esta travesía ???Este es mi sitio Manu, aquí me quedaría para siempre. Quiero a mi familia, pero esta es mi verdadera casa.
Poco tiempo después murió

por Pancho