Sus toscas manos acariciaban la madera como si fuese la piel de una mujer , sentándose un momento en su artesanal embarcación se quedo mirando al mar y aquel viejo mariñeiro duro como el acero humedeció sus ojos , sus compañeros , su vida estaban allí bajo aquellas aguas.
Como describirlo con palabras , una gaviota con su grito lo saco de aquel momento de trance y le trajo a la memoria tantos recuerdos , como lo despertaban cuando dormía sobre la cubierta tras toda una semana de duro trabajo y su desayuno a las siete de la tarde eran los restos de una caldeirada cocinada sobre cubierta para coger fuerzas para otra noche de duro trabajo lejos de su puerto natal , su patria , su hogar y su vida eran aquella embarcación bajo sus pies ella le daba la vida a él y a su familia , ocho metros de madera donde se hacinaban tres hombres allí echaban la semana lejos de sus familias , allí comían , dormían y trabajaban día y noche , la mar era rica entonces y prácticamente cada noche cargaban de pesca que a primera hora depositaban en tierra para su venta , recorrían la costa en busca de mejores caladeros explorando mares y así llegaron a Asturias en su pequeña y vieja embarcación con una velocidad punta de cinco nudos.
Trabajar a la noche en costa desconocida y con un viejo compas por toda instrumentación abordo es algo inaudito para las nuestros tiempos, se desplazaban con el pequeño barco y trabajaban con una auxiliar a remo toda la noche, así sorteaban cada noche mil peligros para sacar el jornal y ganarse el sustento.
No había ningún tipo de partes meteorológicos más que el boca a boca cuando en la mar se cruzaban con otra embarcación o cuando descargaban a puerto eso y su instinto como una vez que dormidos sobre cubierta lo despertó aquella brisa en aumento que ya era un buen brisote , serian las cinco de la tarde de un día de septiembre , el semblante llevaba malas caras y corría endemoniado el tiempo estaba cambiando muy rápidamente , la marea bajando y en poco tiempo los dejaría atrapados en una muy mala zona sin refugio y con el mal tiempo tirándolos contra una escarpada costa rocosa , despertó rápidamente a los demás y levantaron el fondeo en menos de lo que se tarda en escribirlo , tan pronto el motor cogió algo de temperatura lo forzó al máximo y atravesados a un ya fuerte viento y una marejada que embarcaba con facilidad en cubierta atravesaron la amplia ría no sin dificultades , parece que la virgencita estaba esa noche de su parte y lo duro de la galerna les toco justo cuando cogieron el cauce del rio y ya casi sin agua bajo la quilla ya con bajamar viraron poniéndose de popa al mal tiempo que como si fuesen una hoja los arrastro rio arriba ya casi sin ver nada pues prácticamente no había ninguna luz , entre sombras y ya en medio de un frescachón viento en el que su pequeña embarcación apenas obedecía a las maniobras distinguieron en la orilla de la desnbocadura de aquel rio un pequeño cobijo y allí se metieron , sacaron todos los cabos que tenían abordo y sujetaron el barco con dos fondeos al medio del rio uno a popa y otro a proa y a tierra en dos enormes eucaliptos y así pasaron allí una terrible noche de galerna.
Al siguiente día calmo algo y pudieron mandar aviso a su familia de que estaban a salvo un día mas tarde un niño de cinco años ayudaba al patrón a afirmar su barquito en aquel providencial abrigo que había salvado la vida de su padre.
Esa y mil cosas más se le pasan ahora al anciano cada vez que arranchando su embarcación un grito de gaviota lo trasporta a sus recuerdos…
Boa proa camaradas.

